| ¿Qué
queda para los demás? |
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Por Diego Lores Durante muchos años, desde la vereda de enfrente (llámese River Plate) se desestimaban los numerosos triunfos xeneizes en los clásicos veraniegos. Pero este año, esos cotejos fueron favorables a los avícolas. Y nuestros primos-hijos comenzaron a darles una notoria validez, blanqueando aquellos reiterados triunfos xeneizes. De esta manera, la dupla Astrada - Hernán Díaz revalidó su título de los máximos perderdores de la historia del superclásico, ya que como jugadores se cansaron de perder ante Boca, en el verano, en torneos de AFA y en copas internacionales. Aquellas derrotas veraniegas del Boca de Bianchi preanunciaron un comienzo dubitativo de los xeneizes en el Torneo Clausura y la Copa Libertadores. Pero las victorias en cadena no tardaron en llegar, Boca se recuperó y pasó a ser el máximo candidato a quedarse con la Libertadores. En cuanto al Clausura, Boca se mantenía en la conversación, pero la competencia doméstica nunca fue la prioridad de Carlos Bianchi.
De esa manera, sin sobrarle nada, Boca alcanzó la final ante el Once Caldas colombiano. Final que Boca dejó escapar en el cotejo de ida de la Bombonera, dónde fue amplio dominador pero no supo plasmarlo en el arco rival. Ya en Manizales, Boca también fue un poco más que el equipo de Luis Fernando Montoya, a partir de una soberbia actuación de Franco Darío Cangele. Pero en los penales (que no son una lotería, sino que se patea bien o mal por la capacidad que uno tenga para ejecutar) fue derrota y llegó el abrupto final de la segunda Era Bianchi. La renuncia del Virrey fue, por escándalo, la peor noticia que el hincha de Boca recibió en el 2004. Rápidamente, la dirigencia encabezada por Mauricio Macri decidió que su sucesor sea Miguel Angel Brindisi. Lamentablemente, el paso de Miguelito como técnico de Boca fue diametralmente opuesto a aquel que vivió como jugador entre 1981 y 1982. La insólita y extenuante gira programada e impuesta por la dirigencia (a la cual Bianchi se resistía firmemente) fue finalmente un condicionante insalvable para el aspecto físico del plantel profesional. Todo esto, sumado al desmantelamiento de la defensa con las ventas de Perea, Burdisso y Clemente Rodríguez y a la cuestionada labor (hasta por los propios jugadores) del preparador físico Rubén López, terminó redondeando un cóctel de dificultades que Boca jamás pudo sobrellevar. Así, llegó la casi insólita derrota ante el ignoto Cienciano de Perú, en la final de la Recopa Sudamericana, final que marcó el inicio de la debacle de la Era Brindisi. Boca perdió, otra vez en los penales, la chance de obtener su 13era. copa internacional y Brindisi desperdició la inmejorable oportunidad de obtener rápidamente un título. La histórica goleada 6 a 0 sobre Vélez en la Bombonera pudo ser el comienzo de la resurrección, pero cuatro días después el equipo volvió a defraudar ante Central en Rosario y ya no se recuperaría. A esa altura, la Copa Sudamericana aparecía como la única salvación xeneize y se dejó en el camino a San Lorenzo, en una nueva definición por penales. Pero llegó el superclásico con derrota ante River y Brindisi no se aferró a la esperanza copera, convirtiéndose en el primer DT xeneize en renunciar en los vestuarios visitantes del Monumental. Días antes, le había concedido unas insólitas vacaciones a Carlos Alberto Tevez, quien ya estaba inmerso en un profundo bajón futbolístico. La responsabilidad de conducir al alicaído plantel xeneize la tomó un histórico del club, como el Chino Jorge José Benítez, mientras los dirigentes soñaban con técnicos como Marcelo Bielsa, Louis Van Gaal y Alfio Basile. Sin tiempo de trabajo, Boca fue a Asunción y estuvo a un paso de la eliminación. Pero Abbondanzieri atajó el penal de Roberto Amarilla y Boca cortó la racha negativa en los penales. Ese partido marcó un antes y un después. El Chino se la jugó por completo por la Sudamericana y no se equivocó, mas allá que en el Apertura se marcaron récords de ineficacia goleadora y ganadora.
Boca ya estaba en la final de la Copa Sudamericana, la tercera final internacional para los xeneizes en el año. Había que viajar a la siempre temible La Paz. Y el Chino Benítez y sus muchachos plantearon un partido impecable en la altura que terminó siendo una inmerecida derrota, por la mínima diferencia. Ya en la Bombonera, los xeneizes encontraron rápidamente los caminos para liquidar la historia y, el hasta ese entonces DT interino, terminó de ganarse el puesto para el 2005. Supo recuperar al equipo física, mental y futbolísticamente, apoyado en el buen trabajo de Alfredo Altieri. Además, se metió en el corazón del plantel, cómo ya estaba en el corazón del hincha de Boca a partir de sus exitosísimos 10 años como jugador del club. El 2004 no fue un año exitosísimo como el 2000 o el 2003 para Boca Juniors. Pero tampoco fue, por ejemplo, cómo aquellos varios años de mediados de la década del 90, cuando Boca navegaba de frustración en frustración. Se estuvo a una definición por penales de volver a Japón. Se disputaron tres finales internacionales. Se obtuvo la 13era. copa internacional de la historia, que ubica a Boca como el mejor equipo argentino en copas internacionales, según el escalafón que elabora la CONMEBOL. Y de yapa, se asoma el DT que puede hacer olvidar al mítico Carlos Bianchi. Si el 2004 de Boca fue malo, como muchos quieren hacer creer, ¿qué queda para los demás?.
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