| Un triunfo histórico
y el comienzo de la transición |
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Por Diego Lores Ha finalizado el primer semestre del 2004 y con ello llega la hora de hacer un balance. Pero, a pesar de ello, no es cuestión de afirmar si éste es positivo o negativo. Quizás no sea ni una cosa ni la otra. Y está bien que así sea, a pesar de que los decadentes paradigmas de la sociedad actual se basen en dividir todo según éxitos y fracasos. Para el Boca modelo primer semestre 2004 no basta ni una cosa ni la otra. En el recuerdo de este momento xeneize, quedará el recuerdo del histórico triunfo ante River en las semifinales de la Libertadores, y el comienzo de una transición tras la caída ante Once Caldas. Todo comenzó allá por el mes de enero. Los resultados cosechados por Boca en el verano despertaron una avalancha mediática que intentaba poner un manto de dramatismo a la realidad xeneize. Algo totalmente exagerado, para un equipo que sólo días atrás se había consagrado Campeón del Mundo ante el Milan de Italia. Comenzó el Clausura, arrancó la Libertadores y tras empatar con Gimnasia en la Bombonera y caer ante Bolívar en la altura de La Paz, ya se hablaba de crisis en Boca. Pero a partir de la victoria ante Colo Colo en la Bombonera, el 3 de marzo, los xeneizes comenzaron una racha de 7 victorias consecutivas que desterró aquella hipótesis. Y casi sin escalas, los que hablaban de crisis, pasaron a afirmar que Boca era el máximo candidato en ambas competiciones. Pero el rendimiento xeneize hizo un click a partir de los empates ante Estudiantes, en La Plata, y ante Newell's, en la Bombonera. El equipo ya nunca volvería a su mejor versión. Y se tocó fondo el 16 de mayo, en la derrota 1 a 0 ante River por el Clausura. Boca llegaba como candidato a quedarse con el superclásico, pero cayó en forma inobjetable. Bianchi, conciente de que el equipo no estaba para pelear en los dos frentes, decidió, a partir de allí, comenzar a utilizar el equipo alternativo en el torneo local, priorizando el máximo torneo continental, una apuesta que ya había realizado muchas veces y que siempre había resultado exitosa. Y a pesar de que el nivel del equipo ya no era el ideal, Boca logró dejar en el camino al duro Sao Caetano (venía de eliminar al América en México) y a River Plate. Ese mismo River que llegaba a las semifinales de la Libertadores en su mejor momento futbolístico en varios años y soñaba con quedarse con el Clausura y la Libertadores. Pero cayó ante un Boca en baja. Eliminar a River en las semifinales de la Copa fue el mayor mérito xeneize en este semestre. Y no es poca cosa. Lejos de su mejor forma, logró despojar a su eterno rival de su tesoro mas preciado, alargando su sequía de logros internacionales, vaya uno a saber por cuanto tiempo más. Boca le ganó bien a River en la Libertadores y estuvo muy cerca de no necesitar los penales para eliminarlo. Pero esa batalla de semifinales le dejó secuelas. La infantil expulsión de Tevez en el Monumental fue como un preanuncio de la anemia ofensiva que Boca demostraría una semana más tarde ante Once Caldas en la Bombonera. Boca mereció ampliamente quedarse con la victoria en la primera final. Pero en el fútbol los merecimientos no existen. Y aquella noche del 23 de junio, fue cuando los xeneizes perdieron la chance de levantar la sexta Libertadores. En la instancia decisiva, Boca se encontró con un Once Caldas conciente de sus limitaciones futbolísticas. El mérito de los dirigidos por Luis Fernando Montoya fue lograr llevar el trámite de la serie final por el único camino posible de éxito. Es decir, aguantar como sea en la Bombonera y ser contundente como local. Y vaya si lo fue. Ya en Manizales, golpeó de entrada con un zapatazo de Viáfara y Boca luego sólo tuvo margen para forzar los penales. Esos penales dónde no existe la suerte, se patea bien o se patea mal. Boca falló en todas sus ejecuciones y Once Caldas se quedó con la Copa. Y a pesar de que Boca fue más en ambas finales, los colombianos fueron justos campeones, porque los xeneizes no supieron plasmar su superioridad en la red. El gol es la verdad del fútbol y Boca desperdició las muchas chances con las que contó, en especial en el partido de ida. Ahora, ¿es el hecho de haber perdido la Libertadores un pecado? Para nada. No se puede ganar siempre. Para perder una final de Copa hay que recorrer un largo camino. Y ese mérito sólo lo tuvieron Boca Juniors y Once Caldas. Es más: es la primera vez que Boca no se queda con la Libertadores bajo la conducción de Carlos Bianchi. Y tampoco hay que olvidar que este mismo equipo ganó todo durante el 2003 y que cerca estuvo de repetir en la Libertadores que acaba de finalizar, algo con lo que sueñan hinchas de muchos equipos del mundo, pero sólo pocos privilegiados pueden llegar a disfrutar. El único "pecado" xeneize en esta primera parte del año fue no haber llegado en su mejor momento futbolístico al tramo decisivo. Y a pesar de ello, logró darle a sus hinchas la incomparable alegría de eliminar a River en su propia cancha, una alegría que tuvo el plus de taparle la boca a muchas voces millonarias, que ya hablaban del tantas veces postergado viaje a Tokio, tan frecuente para el plantel xeneize. La derrota ante Once Caldas puso fin a un glorioso ciclo copero. En cinco años, Boca jugó cuatro finales de Libertadores, de las que ganó tres. Se quedó, además, con dos Intercontinentales. Lo que Boca hizo en cinco años, muchos clubes del mundo jamás lo pudieron hacer a lo largo de toda la historia (entre ellos, el archirival xeneize). Ahora comienza una nueva etapa. Se van jugadores que hicieron historia, que dejaron su nombre grabado en la leyenda del club, como Guillermo Barros Schelotto y Nicolás Burdisso, entre otros. La transición ya está en marcha. Se arranca prácticamente de cero. Boca debe luchar por hacerla de la mejor forma posible, para construir cimientos sólidos, que permitan volver rápidamente a los caminos de la gloria, esos que tantas veces transitó y que forjaron su enorme grandeza. |