Boca es más inteligente
 

Por Claudio Cerviño
Diario La Nación (sábado 12 de junio de 2004)

Un gol de diferencia no es nada y, sin embargo, es mucho para un equipo como Boca, inteligente y con un DT lúcido y conocedor, al pie de la letra, de cada inciso del manual de la practicidad.

Un gol de desventaja no es irrecuperable y, sin embargo, parece demasiado para un equipo como River, sobre todo cuando no cuenta con la claridad mental que sí expone su rival.

Aunque parezca apresurado, Boca está más cerca de su octava final de la Libertadores de lo que sugiere el 1-0, obtenido en los escandalosos primeros 90 minutos. Porque demuestra, a pesar de un nivel futbolístico que no es el de otrora, que ciertos partidos hay que jugarlos con la cabeza. Y en eso funciona a pleno. Adentro y fuera de la cancha.

El partido no fue bueno, pero Boca estuvo más a la altura de las circunstancias, con excepción de Tyson Barros Schelotto y, ayer, de Vargas, que en vez de serenar las aguas, las enturbió aún más con declaraciones desafortunadas. Algunos fruncieron el ceño por la ausencia de Tevez de arranque. Fue un acierto de Bianchi, porque mientras Tevez todavía no tuvo un superclásico para recordar, la presencia de Barijho, además de mejorar el déficit aéreo del equipo en pelotas paradas, produjo el efecto buscado desde su estilo guerrero: desestabilizar emocionalmente a la defensa rival, que en el choque anterior se había mostrado compacta e impertérrita.

River está, hoy, más lejos de la final porque olvidó su esencia. Gallardo enloqueció por dos foules fuertes de entrada (Villarreal y Cascini) y luego mostró lo peor de sí; varios más debieron irse en el tumulto, mientras Garcé dejó en claro su poca lucidez. Y lo de Ameli fue bochornoso: en un córner ofició de boxeador de peso ligero y le aplicó varios uno-dos sucesivos a Vargas, al que después, en otra acción, le hizo gestos de... fellatio. ¡Increíble! Y como postre, le pegó a Barijho, que estaba en el piso. Conductas que deben ser revisadas a cuatro niveles: jugador, psicólogo, director técnico y dirigentes.

Recuerdo, hace tres años, en la revancha de Palmeiras-Boca, cómo los brasileños lo molieron a puntapiés, codazos y otras hierbas a Riquelme. Y Román, como en esos partidos de potrero en los que se infla el pecho, respondió con fútbol. Que fue lo que olvidó River, retrotrayéndose a otras jornadas de bochorno cuando la suerte le fue adversa.

Mención especial para la Confederación Sudamericana, que no aplicaría sanciones de oficio. Parece que nadie vio nada -salvo el referí, que admitió errores-. Suerte para todo el resto, que desde hace más de 24 horas estamos viendo de todo. Perdiendo la capacidad de asombro...

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