WWW.ESTOESBOCA.COM.AR, 10 abril de 2010.- Juan
Román Riquelme y Martín Palermo están
entre los ídolos más grandes de la historia de Boca.
A base de grandes actuaciones, goles y títulos, ambos se
metieron eternamente en el corazón del hincha.
Ya nada ni nadie los bajará de ese pedestal. Serán
ídolos de Boca por siempre.
Pero hoy Boca atraviesa una grave crisis deportiva.
Tiene un plantel, sin dudas, de primerísimo nivel. Pero
hace rato ya que los jugadores están mal de la cabeza.
Y esto excede a cualquier cuerpo técnico. Esta
situación ya se devoró a Carlos Ischia, a Coco Basile
y al Chueco Alves.
A esta altura de las circunstancias, negar la existencia
de una fuerte interna dentro del plantel, es como querer tapar
el bosque con la mano. En todo equipo de fútbol
existe la camarilla. Pero el problema de Boca es que tiene dos
camarillas. La de Román y la de Martín. Y de lo
normal se pasó a lo inmanejable.
La crisis futbolística de Boca no empezó ayer.
Ya lleva un año y medio. Y para el hincha
es insoportable. La situación, como ya
dijimos, excede a la conducción técnica. Ni Ischia,
ni Basile ni Alves pudieron con esta coyuntura. Hoy por hoy, los
entrenadores ya no se desviven por dirigir a Boca y el club tiene
problemas para conseguir técnico. Porque el diagnóstico
es unánime: es imperiosa una depuración
importante del plantel. Y ningún técnico quiere
cargar con ese peso.
La tarea entonces, queda en manos de los dirigentes.
De acá al próximo Torneo Apertura hay que hacer
ese trabajo. Rearmar el plantel y, con el camino ya allanado,
conseguir un técnico para que comande el barco.
Hay 14 contratos que se vencen en junio. Once
de ellos no serán renovados. Ibarra, Paletta, Morel, Krupoviesa,
Insúa, Rosada, Luiz Alberto, Prediger, Marino, Gunino y
Calvo ya no estarán en Boca a partir de junio. El
único que tiene garantizada la renovación es Sebastián
Alejandro Battaglia.
Los otros dos casos son nada más y nada menos los de Riquelme
y Palermo. Intocables hasta hace muy poco. Porque el pobrísimo
desempeño xeneize en este primer semestre de 2010 también
los arrastra a ellos.
No hay que olvidar que Riquelme volvió a Boca
en diciembre de 2007 y por aquel entonces las
expectativas eran las máximas. Pero ya pasaron
dos años y medio y sólo el 2008 estuvo de
acuerdo a lo esperado. Desde que volvió, Román
sólo aportó pincelazos de aquel Riquelme
pletórico de la Libertadores 2007. Boca decidió
pagarle un contrato europeo, incrementando enormemente
su pasivo, a aquel Riquelme, no a éste
poco afecto al entrenamiento, cada vez menos
desequilibrante y mucho más cercano a las polémicas
internas.
En lo que respecta a Palermo, lo que le juega
en contra, además de ser el líder de una
de las fracciones del plantel, es el almanaque. El Titán
cumplirá nada más y nada menos que 37 años
en noviembre. A fuerza de goles y sacrificio, Martín
siempre se las ingenió para hacer olvidar ese dato. Pero
tanto en este torneo como en el anterior, ha tenido un par de
rachas de sequía goleadora y otro tanto
de actuaciones alarmantes. Todavía puede
seguir inflando redes, pero el final de su carrera se
ve cada vez más cerca.
El hincha de Boca los ovaciona partido a partido. Y está
bien que lo haga, y que lo siga haciendo. El reconocimiento
por lo que han hecho por el club debe ser eterno. Pero
cuando los ovaciona, el hincha no está ovacionando
al actual Román ni al actual Martín. Está
ovacionando a todo lo que hicieron por Boca.
Y el hecho de que se ponga en duda la continuidad de
ambos para la próxima temporada, no equivale a ingratitud.
El agradecimiento para ambos será eterno. Pero
Boca es más importante que ellos. Y Boca no puede
vivir del recuerdo. Boca es presente.
Es exigencia permanente. Como bien dijo el Toto Lorenzo,
“Boca es Deportivo Ganar Siempre”. Y hoy por hoy,
para ganar siempre, el xeneize necesita de un aporte mucho
mayor por parte de ambos, ya sea dentro como fuera del campo de
juego.
Toda la familia boquense ama a Riquelme y a Palermo. Todos deseamos
que se vayan del club por la puerta grande. Pero
para que ello ocurra deben hacer su aporte. Si
desean continuar, como ya lo expresaron ambos, deberán
atenerse a las pautas de la dirigencia y del nuevo cuerpo técnico,
en pos de la gloriosa azul y oro, esa insignia
que está por encima de todo. Son dos ídolos
eternos. Pero ya mucho los bancamos en este último
año y medio. Ahora necesitamos que dejen
de lado egos personales, por el bien del club, para salir de esta
horrible crisis. Y si no están dispuestos
a hacerlo, que sepan que en Boca nadie es intocable. Seguir o
no seguir al servicio de Boca sólo depende de ellos.
Por Diego Lores
loresdiego@estoesboca.com.ar