Gracias Chueco

WWW.ESTOESBOCA.COM.AR, 9 abril de 2010.- El título de la nota no es una ironía. Si, es cierto que el paso de Abel Aníbal Alves por la conducción técnica de Boca Juniors fue para olvidar rápidamente. Pero nadie puede afirmar que el ex volante es el culpable del presente de crisis que vive la institución de La Ribera. La decadencia comenzó mucho antes de su asunción, allá por los últimos días de enero. En ese momento, lo que Alves hizo al asumir como entrenador, fue hacerle un favor a la dirigencia. Porque con el inicio del Torneo Clausura a la vuelta de la esquina y con numerosas carencias futbolísticas, ningún técnico quería arriesgarse a asumir semejante responsabilidad. Ni el propio Carlos Bianchi lo hizo. Alves llegó para dar una mano, tentado por la posibilidad de dejar de ser el técnico de la Reserva para saltar a ser el técnico de un gigante como Boca.

Luego de un debut –ante Argentinos- en el cual Boca estuvo muy cerca de ganar (no lo hizo por los problemas eternos defensivos en el juego aéreo), la victoria sobre Lanús en la Bombonera despertó expectativas. Porque aquella noche el equipo contagió a las tribunas con su fervor, como hacía mucho tiempo no ocurría. Pero tres días después, el castillo de naipes comenzó a derrumbarse. En 18 minutos, Boca sufrió tres goles y ya no se volvería a poner de pie. Sólo volvió a hacerlo ante River, en una hermosa tarde en la que el xeneize cumplió con el mandato histórico de derrotar al hijo eterno. Pero otra vez, tres días más tarde, Chacarita se encargó de destruir la última esperanza de resurrección que tenía este proceso.

También es cierto que Alves cometió varios errores en su breve gestión. A la hoguera ya existente, le echó más leña con las decisiones de reemplazar a Palermo ante Atlético Tucumán y Chacarita y sacar del primer equipo a Javier García ante Colón, lo que generó un clima insoportable en la previa de su último partido como DT xeneize. Tampoco mostró coherencia en el armado del equipo, con jugadores que un domingo eran titulares y al siguiente ni siquiera figuraban en la lista de concentrados o viceversa.

En medio de la tormenta, nunca encontró la brújula. Tampoco contó con la colaboración de los referentes del plantel, como cuando Palermo lo desautorizó ante los micrófonos al ser reemplazado ante Chacarita.

Sólo ante River supo darle solución a los gravísimos problemas defensivos del equipo, aunque no hay que olvidar que el rival presentaba a una de las delanteras más ineficaces de la temporada.

Fue esa misma defensa, con gravísimos errores, la que comenzó a sellar su suerte como DT de Boca. Fallas de todos los colores y cuatro goles sólo en el segundo tiempo ante Chacarita hicieron trizas las esperanzas de recuperación que habían surgido luego de vencer a los de Astrada.

Ante Central, Boca volvió a ser un desastre y Abel, como si fuera el culpable de todos los males, se fue insultado por gran parte del estadio. A riesgo de seguir quemándose, siguió colaborando hasta el partido con Colón, cuando la situación se tornó inaguantable y dio un paso al costado.

En algún momento había declarado que de Boca se iba a ir “ganando todo o con los pies para adelante”. La apuesta no le salió bien. Pero al menos puede tener la tranquilidad de haberle puesto el pecho a una situación, ya de antemano, complicadísima. Por eso, gracias Chueco.

Por Diego Lores
loresdiego@estoesboca.com.ar


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