Piloto de tormentas
 
 

Por Diego Lores
loresdiego@estoesboca.com.ar

WWW.ESTOESBOCA.COM.AR, 31 de diciembre de 2008.- Como todo técnico que llega a Boca Juniors, Carlos Ischia asumió en diciembre de 2007 con la obligación de, al menos, obtener un título. Y lo logró con creces. Su equipo fue protagonista de todas las competiciones que disputó, se obtuvo la Recopa Sudamericana y se cumplió el gran objetivo del segundo semestre, que era consagrarse en el Torneo Apertura.

Pero no le fue nada fácil al ex ayudante de campo de Bianchi llegar a esa situación. De entrada, tuvo que lidiar con una importante cantidad de hinchas que dudaban de su capacidad para estar al frente de uno de los equipos más grandes del mundo. Claro, sus antecedentes en Vélez, Central, Junior de Barranquilla y Gimnasia eran poco alentadores. Si su mejor campaña como DT hasta ese entonces era un tercer puesto con Vélez Sársfield.

No fueron pocos los frentes de tormenta que Ischia tuvo que superar en este 2008. En el inicio del Torneo Clausura, el equipo tuvo rendimientos poco convincentes. Muchos veían en él a una figura decorativa y sostenían que los verdaderos dueños del equipo eran Martín Palermo, Hugo Ibarra, Sebastián Battaglia y, fundamentalmente, Juan Román Riquelme.

En aquel primer semestre, se vio a un Ischia bastante tímido a la hora de tomar decisiones, incluso durante el desarrollo de los partidos. Por aquel entonces, Boca era muy dependiente de lo que podían hacer Riquelme, Palacio y Palermo e Ischia tenía dificultades para encontrar soluciones para los problemas del equipo.

Para colmo, en aquella primera parte del año, no supo manejar bien los minutos en cancha que le daba a Riquelme y Román se lesionó ante Colo Colo, en Chile y por Copa Libertadores. Aquella noche, Boca cayó 2 a 0 y quedó inmerso en el primer momento crítico de la gestión Ischia, el cual se agravó semanas más tarde con una derrota por 3 a 1 ante Atlas, en México, que dejó al xeneize cerca de la eliminación en primera ronda.

Pero su trabajo fue de menor a mayor durante este 2008. El Pelado se fue adaptando a la presión de ser el DT de Boca y poco a poco comenzó a responder todos los cargos que se le hacían.

Así, llegó la victoria en el superclásico ante River y las resonantes victorias como visitante ante Cruzeiro y Atlas, por los octavos y cuartos de final del máximo torneo continental. Ante los mexicanos, Ischia expuso una virtud que lo caracterizaría durante el resto del año: sus aciertos a la hora de introducir variantes en el equipo. Luego de empatar 2 a 2 con Atlas en cancha de Vélez, fue a México en busca de la clasificación para las semifinales y no dudó en darle la titularidad a Cristian Chávez, como volante derecho. El pibe respondió muy bien, fue fundamental en la generación de fútbol, Boca ganó 3-0 con los goles de Palermo y clasificó a semifinales.

Luego, el xeneize careció de fortuna ante Fluminense, que se llevó un empate de la cancha de Racing aprovechando un error del arquero boquense, Pablo Migliore.

En la revancha en Río de Janeiro, Boca jugó otro gran partido y hasta logró ponerse en ventaja mediante un cabezazo de Palermo. Pero los cariocas igualaron rápidamente mediante un tiro libre y luego aprovecharon la desesperación xeneize para edificar un exagerado 3 a 1.

Así, Boca se quedó sin Copa Libertadores, y al priorizar el torneo continental, resignó chances en el Clausura. Y el semestre se fue sin que Boca obtenga títulos, aunque quedó la nítida sensación de que el xeneize había sido el mejor equipo argentino durante esa parte del año.

Durante el receso invernal se desvincularon de Boca el volante Pablo Ledesma, el lateral Luciano Fabián Monzón (la revelación del primer semestre) y Mauro Boselli, quien era la primera alternativa ante alguna ausencia de Martín Palermo. En contrapartida, solo llegó Damián Díaz, procedente de Rosario Central.

El inicio del segundo semestre planteaba como primer desafío obtener la Recopa Sudamericana ante Arsenal de Sarandí. Y Boca lo logró casi sin sobresaltos, luego de vencer 3 a 1 como visitante y de igualar 2 a 2 en la Bombonera.

El desafío pasaba a ser el Apertura. E Ischia contribuyó mucho para lo concreción del objetivo. Ya en el partido debut, ante Gimnasia de Jujuy, acertó con los ingresos de Gracián y Noir en el entretiempo y en reemplazo de Chávez y Castromán. Boca no había jugado bien en la etapa inicial, y a partir de las variantes del DT, edificó una buena producción que se coronó con un 4 a 0 final.

Cuando las adversidades comenzaron a llegar, Ischia se hizo fuerte. Con Román extenuado por su excursión asiática, con Palacio más afuera que adentro de la cancha por una pubialgia y con el goleador Palermo con su rotura de ligamentos a cuestas, el DT supo encontrar las variantes oportunas que le permitieron al xeneize alcanzar el título.

Ante Newell´s en Rosario, introdujo otras dos variantes ofensivas que fueron fundamentales a la hora de obtener los tres puntos. Gracián y Gaitán reemplazaron a Noir y Dátolo, cuando el partido estaba 1 a 1. Con la vocación ofensiva pregonada por su DT, Boca sacó adelante un partido muy complicado y terminó venciendo por 4 a 2.

Pero otra vez llegaron los problemas. El equipo bajó abruptamente su nivel, fue goleado ante Godoy Cruz en Mendoza, perdió como local ante Estudiantes y estalló la interna con las declaraciones de Cáceres en contra de Riquelme. Paralelamente, se produjo el affaire con Caranta, quien ya no volvería a atajar en Boca.

Los cuestionamientos al manejo del vestuario por parte de Ischia eran moneda corriente por aquellos días. Y hasta se tiraban nombres de posibles reemplazantes: que vuelve Bianchi, que Basile tiene ganas, que Cagna podría andar…

Así, llegó el superclásico ante River. Ischia acertó una vez más en el planteo (resignó a Noir y en su lugar puso a Nico Gaitán, armando un 4-5-1), el equipo se mostró unido dentro del campo de juego y comenzó con la resurrección que finalmente lo llevaría al título.

Incluso, Ischia tuvo la virtud de apostar por el Apertura aún cuando el equipo estaba a 8 puntos del líder San Lorenzo y ante Inter, en Porto Alegre, y por la Sudamericana, presentó un equipo alternativo cuando muchos le reclamaban la inclusión de los titulares.

Una semana después del superclásico, Boca tenía problemas para quebrar al humilde Central en la Bombonera. Ischia abrió el partido con las inclusiones de Mouche por Noir y de Gaitán por Dátolo: de un centro de Mouche, llegó el gol de Gaitán, sobre el final del partido, que mantuvo vivo a Boca en la lucha por el título.

El acierto de Ischia se reiteró ante Banfield, cuando dispuso otra vez el ingreso de Mouche por Noir y el ingresado terminó anotando el gol de la victoria. Y ante Arsenal, cuando Boca jugaba mal, mandó al equipo al frente con la inclusión de Gaitán por Vargas, paró un 3-3-2-2 y Boca terminó obteniendo los tres puntos con el tiro libre de Riquelme, a quien el técnico mantuvo en cancha pese a que muchos pedían su reemplazo.

Luego de la derrota como local en la Bombonera, Ischia diagnosticó que al equipo le faltaba poder de gol. Por eso, ante San Martín, en Tucumán, decidió conformar la delantera con Viatri y Luciano Figueroa, dejando afuera del equipo a Pablo Mouche. Resultado: los dos delanteros anotaron y le dieron la victoria al xeneize.

Si hay algo que rescatar de Ischia en este año de trabajo que lleva en Boca es su permanente vocación ofensiva. Una clara prueba de ello es lo que hizo ante San Lorenzo, en el decisivo partido por el Triangular Final: llegó la expusión de Gastón Aguirre e inmediatamente mandó a la cancha a Pochi Chávez en lugar de Fabián Vargas. Resultado: Boca pasó del 1 a 1 al 3 a 1 y Chávez anotó el gol que valió el campeonato. Antes, el también ingresado Palacio había anotado el 2 a 1. Ischia lo había puesto cuando Solari acababa de empatar y se iba en busca de la victoria que le daba el título.

El fin del 2008 lo encuentra al técnico de Boca con dos títulos (Recopa y Apertura), siendo el conductor del equipo del fútbol argentino que más puntos sumó en el año, y con el detalle no menor de haber ganado los dos superclásicos oficiales del año, algo que Boca no lograba desde 1996.

Ischia lo hizo. Despejó las dudas que algunos tenían respecto de su capacidad para conducir a un gigante como Boca. Superó innumerables inconvenientes y se ganó un importante consenso de parte del plantel, en especial de sus referentes. Supo calmar el océano de las internas y llevó el barco a buen puerto. Por algo es el DT de Boca.

Ischia y los pibes: Cuando Pompilio lo llamó para ofrecerle la dirección técnica, le dejó bien en claro que la promoción de juveniles sería un tema prioritario. Así, durante el 2008, Ischia hizo debutar a 14 juveniles: Luciano Fabián Monzón, Pablo Mouche, Ricardo Noir, Juan Forlín, Lucas Viatri, Luis Ibáñez (hoy en el fútbol croata), Nicolás Gaitán, Exequiel Benavides, Sebastián Nayar (hoy en España), Javier García, Carlos Fondacaro, Ezequiel Muñoz, Jonatan Philippe y Josué Ayala. Con muchos de ellos armó el equipo que eliminó con comodidad a Liga Deportiva Universitaria de Quito de la Copa Sudamericana, goleándolo 4 a 0 en la Bombonera e igualando 1 a 1 en Ecuador.

 

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