Un título muy especial
 
 

Por Diego Lores
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WWW.ESTOESBOCA.COM.AR, 25 de diciembre de 2008.- Pasarán los años, los jugadores, los campeonatos, vendrán alegrías y sinsabores, pero el del Apertura 2008 será un título especialmente recordado por el hincha de Boca. Es que no es fácil encontrar, en la historia del fútbol argentino, un campeón que haya tenido que atravesar tantos inconvenientes antes de llegar a la consagración.

De entrada, el xeneize tuvo que afrontar el debut ante Gimnasia y Esgrima de Jujuy sin Juan Román Riquelme, quien se encontraba disputando los Juegos Olímpicos de Beijing. Y tampoco pudo contar con otro as de espadas, Rodrigo Palacio, quien no pudo realizar la pretemporada por una persistente pubialgia, que lo tendría a mal traer durante todo el semestre. Más allá de todo eso, el xeneize jugó un brillante segundo tiempo y destrozó al equipo de Omar Labruna con un contundente 4 a 0.

Pero las malas noticias iban a continuar llegando en forma de cataratas para el xeneize. Durante el primer tiempo del partido ante Lanús, Martín Palermo sufrió la rotura del ligamento lateral interno y cruzado anterior de la rodilla derecha al intentar ganarle en el salto a Faccioli, defensor granate. Igualmente, Boca, que esa tarde jugó sin Caranta, Dátolo, Palacio y Riquelme, salió adelante de la mano de los pibes Noir, Chávez, Viatri y Gaitán y logró imponerse por 2 a 1.

En la semana hubo una buena: con Riquelme, recién llegado de Beijing, Boca igualó 2 a 2 con Arsenal en la Bombonera y obtuvo la Recopa Sudamericana, título que le permitió alcanzar al Milan como el equipo más copero del universo, con 18 consagraciones.

Paradójicamente, el retorno de Román no fue del todo beneficioso para Boca. Porque el enganche xeneize volvió maltrecho físicamente y, luego de golear a Huracán, en el último partido sin Riquelme, el equipo de Ischia cumplió algunas pálidas actuaciones e igualó ante Independiente en la Bombonera y ante Argentinos en La Paternal. En este último cotejo, Ibarra sufrió una contractura y tuvo que dejarle su lugar a José María Calvo. Por su parte, Rodrigo Palacio sólo jugaba los domingos y no participaba de los partidos de entre-semana, en busca de una recuperación definitiva que nunca llegó, más allá de su participación decisiva en los últimos minutos del partido ante San Lorenzo por el Triangular desempate.

El mal de lesiones y el bajo nivel de Riquelme fueron un cóctel difícil de digerir que estalló con la derrota como local ante Tigre. Aquella tarde, el paraguayo Cáceres tampoco pudo ser de la partida. Y Furchi, en una decisión desmesurada, expulsó a Battaglia a los 38m del primer tiempo. De esa manera, Boca perdía un invicto de 29 partidos actuando como local y quedaba a cinco unidades del encumbrado San Lorenzo de Russo.

El respiro pareció llegar con la goleada 4 a 2 sobre Newell´s en Rosario, con goles de tres jugadores surgidos de las inferiores (Noir, Viatri (2) y Gaitán). Pero esa sólida producción colectiva se diluyó rápidamente. Sin Dátolo (tuvo un contrapunto con el ayudante de campo Angel Celoria) y sin Battaglia, que tenía que cumplir la sanción (ante Newell´s jugó por el artículo 225), el mediocampo xeneize lució desmembrado y Boca se comió cuatro ante el por aquel entonces irregular Godoy Cruz, en Mendoza.

Desde el viernes 3 de octubre, cuando se produjo la confusa salida de Mauricio Caranta del equipo titular y hasta el domingo 19 del mismo mes, cuando Boca le ganó a River en el Monumental, el xeneize pasó de su momento más crítico a lo que sería el inicio de la resurrección que finalmente le permitió terminar coronándose campeón del Apertura.

Ante Estudiantes, ya sin Caranta, Ischia tuvo que darle la titularidad a Javier García, que apenas había debutado por torneos de AFA. Todavía sin Ibarra, y sin Morel Rodríguez, el DT tuvo que improvisar una línea de tres: Cáceres – Forlín – Paletta. Y Estudiantes no desaprovechó la ocasión. Ganó 2 a 1 en la Bombonera y dejó a Boca a ocho unidades de San Lorenzo. Para colmo, Javier García fue cómplice del gol que Leandro Benítez anotó de tiro libre y Rodrigo Palacio, en evidente inferioridad física, tuvo que dejar la cancha en el segundo tiempo. El bajo nivel físico y futbolístico del equipo de Ischia hacía pensar que obtener el Apertura se había convertido en una quimera.

La previa del superclásico fue casi tortuosa, con la dura interna entre Julio César Cáceres y Juan Román Riquelme. Pero el fútbol tiene estas cosas. Cuando nadie lo esperaba, el grupo se unió dentro de la cancha y le ganó a River, que quedó condenado al último lugar de la tabla de posiciones. Antes del partido, Boca llegó a estar 11 unidades por debajo de San Lorenzo. Pero el xeneize se sobrepuso a la infantil expulsión de Ibarra y, en el propio Monumental, inició el camino que finalmente lo conduciría al campeonato. El abrazo entre Cáceres y Riquelme cerró aquella tarde inolvidable.

De esa manera, Boca había iniciado un excelente raid final, que finalmente fue de 8 victorias, un empate y una derrota. Tres fechas después de la victoria en el superclásico, y luego de vencer agónicamente a Central y Banfield, el xeneize le ganó a San Lorenzo en la Bombonera y le dio alcance en lo más alto de las posiciones. Pero claro, como no podía ser de otra manera, nada era color de rosas para Boca. Porque tres días antes de esa valiosa victoria se produjo el deceso del presidente Pompilio, un suceso que golpeó muy fuerte a todo el plantel y a toda la familia boquense.

Una semana después de la vital victoria ante San Lorenzo, Boca no jugó bien y apenas pudo superar a Arsenal con el golazo de tiro libre de Riquelme sobre la hora. En la semana, se supo que Gabriel Paletta se había roto los ligamentos en ese partido. Otro soldado se acababa de caer. Y la semana se coronó con la derrota ante un Vélez letal, que llegó poco sobre el arco de García pero que fue altamente efectivo y se llevó un 3 a 2 de la Bombonera. Por aquel entonces, el lesionado de turno era Claudio Morel Rodríguez, quien se perdió esos tres partidos. Durante su ausencia, Ischia volvió a recurrir a la línea de tres, esta vez, Roncaglia – Cáceres – Paletta (Forlín lo reemplazó ante Vélez).

Boca estaba un punto por debajo de Tigre y San Lorenzo. Pero cuando nadie lo esperaba, ambos perdieron, Boca venció en Tucumán a San Martín (sin Cáceres y Vargas) y alcanzó la punta en soledad, con la yapa de ver a River en el último lugar, también en exclusividad. Esa tarde volvió al gol Lucas Viatri, luego de 442 minutos sin convertir, y después de una difícil semana, en la cual se conoció la noticia de que deberá comparecer en juicio oral por el robo a una peluquería.

Afortunadamente, las últimas tres semanas de competencia fueron las más tranquilas para el xeneize. Se le ganó a Racing en la Bombonera y se empató ante Gimnasia en La Plata, en lo que fue una igualdad con sabor a derrota, ya que el xeneize resignó la ventaja de dos puntos que había sacado dos semanas antes. Como anécdota, quedó la infantil expulsión de Morel y la pobre producción de Alvaro González, quien jugó en reemplazo del suspendido Dátolo.

En la última fecha, Boca desplegó un muy buen juego ante Colón y parecía que rápidamente había liquidado la historia, cuando a los 27m del primer tiempo ya vencía por 3 a 0. Pero a diferencia del resto de sus compañeros, Javier García tuvo una muy mala tarde y Boca terminó sufriendo para finalmente vencer por un ajustado 3 a 2.

Fue muy largo el camino para llegar al título. Y los contratiempos, innumerables. Si hasta en el triangular decisivo, ante San Lorenzo y Tigre, Javier García cometió dos errores insólitos que bien pudieron costar el campeonato. Pero a este plantel le sobró personalidad. Y supo regalarle al hincha un campeonato inolvidable. Porque se le ganó a River y el archirival terminó último. Pero sobre todo, por que Boca fue capaz de sobreponerse a las innumerables adversidades. Como nunca antes nadie lo hizo. Gracias por esta alegría…

 

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