Carlos Ischia ¿héroe o villano?
 
 

Por Diego Lores
loresdiego@estoesboca.com.ar

Carlos IschiaWWW.ESTOESBOCA.COM.AR, 17 de diciembre de 2008.- Faltan muy pocas horas para saber si Boca será o no campeón del Torneo Apertura 2008 y cual será la suerte del DT xeneize, Carlos Ischia. Si se consagra campeón, seguramente continuará conduciendo técnicamente a Boca Juniors. Si no es así, habrá fracasado y deberá dejar su lugar vacante.

Así es Boca y así es el fútbol argentino, nos guste o no. Un resultado, o en el mejor de los casos un par de estos, son capaces de definir el éxito o el fracaso de todo un año de trabajo.

No hay dudas de que no debería ser así. Bajo ese paradigma es casi imposible sostener trabajos a largo plazo. Ya lo dijo Gustavo Costas cuando era técnico de Racing: “Ferguson acá no duraría ni un año”, en referencia al técnico del Manchester United, quien lleva más de 20 años como DT de ese equipo inglés.

Si dejamos de lado ese exitismo que gobierna al fútbol argentino, el futuro de Ischia no debería definirse en este triangular desempate que el xeneize disputará ante Tigre y San Lorenzo. Haciendo un repaso de la historia de Boca en el profesionalismo, rápidamente se puede inferir que el xeneize obtiene el 20% de los campeonatos que disputa. Aplicando el criterio de que la continuidad de un DT se define en base a si salió campeón o no, Boca debería plantearse la no continuidad de su entrenador luego de finalizados el 80% de los campeonatos. Un verdadero despropósito.

No se puede ser campeón siempre. Y no se puede cambiar de entrenador cada vez que no se obtiene un título. El hecho de ser o no protagonista de un campeonato o de una copa parece ser un criterio más acorde a la hora de decidir la continuidad o no continuidad de un técnico, sin necesidad de llegar a aquel exitismo extremo.

Bajo ese criterio, no tan sanguinario como el “sos campeón o te vas” Carlos Ischia queda bastante bien parado. Porque durante el primer semestre del año peleó hasta el final en el Torneo Clausura y en la Copa Libertadores de América. Priorizó la competición continental y estuvo cerca de acceder a la final. Eso le restó algo de chances en el torneo doméstico. Y si bien Boca no obtuvo ningún título, quedó la clara sensación de que el xeneize fue el mejor equipo argentino durante esa parte del año.

Carlos IschiaYa en agosto, Boca e Ischia comenzaron a desandar el camino del segundo semestre con la obtención de la Recopa Sudamericana ante Arsenal de Sarandí, una copa sin la importancia de un torneo local o una Copa Libertadores, ni siquiera comparable con una Copa Sudamericana, pero que muchas veces oficia de delineadora de tendencias. El Boca de Ischia la obtuvo y dio el primer paso para intentar construir un semestre exitoso.

A partir de allí, el objetivo xeneize siempre fue la obtención del Torneo Apertura, en detrimento de la Copa Sudamericana. Fue así que la eliminación de dicho torneo continental, a manos del a la postre campeón, Internacional de Porto Alegre, no fue tomada con dramatismo por el barrio de La Boca.

La mira siempre estuvo en el Apertura y Boca arrancó con todo, con tres victorias consecutivas ante Gimnasia de Jujuy, Lanús y Huracán. Pero comenzaron a aparecer los obstáculos: Palermo se rompió los ligamentos, Riquelme volvió sin descanso desde China, Palacio nunca se puso bien de la pubialgia y los resultados comenzaron a ser esquivos: empates ante Independiente y Argentinos y derrota ante Tigre en la Bombonera.

El xeneize pareció resucitar goleando a Newell´s en Rosario, pero cayó estrepitosamente ante Godoy Cruz en Mendoza, presentando un esquema táctico con doble enganche, y comenzaron los problemas internos en el plantel. La derrota ante Estudiantes, como local y en la previa del superclásico detonó varias bombas.

Ischia tuvo un cortocircuito con Caranta y este se negó a jugar ante el Pincha. La interna se hizo feroz. El 7 de octubre, Julio César Cáceres salió a pegarle duro a Juan Román Riquelme con declaraciones a una radio paraguaya. Román le retrucó, afirmando que “quizá no quiere estar más acá y dijo esto para irse”. Pedro Pompilio salió en defensa del Diez, e intentó calmar las aguas.

Con Palermo fuera del vestuario en el día a día, comenzaron los cuestionamientos al manejo del mismo por parte de Ischia y algunos dirigentes condimentaron la situación tirando los nombres de Carlos Bianchi, Alfio Basile y Diego Cagna.

Pero Ischia rápidamente se anotó un poroto: logró que el equipo se mostrara unido dentro del campo de juego y el xeneize le ganó a River por segunda vez en el año, esta vez para dejarlo hundido en lo más profundo de la tabla de posiciones.

Cuando parecía que volver a la calma era posible, los obstáculos volvieron a aparecer para Ischia y Boca Juniors. El plantel, el cuerpo técnico y toda la familia boquense se conmovieron con el fallecimiento de Pedro Pompilio, el día después a la victoria ante Banfield. El presidente fue el autor intelectual de la promoción de varios juveniles al plantel superior y Carlos Ischia era su intérprete ideal a la hora de tomar decisiones al respecto, más allá de que en algunos casos estas se adelantaron por la gran cantidad de lesionados y, en el caso puntual del arquero Javier García, por la deserción de Mauricio Caranta.

Golpeado en sus entrañas, y sólo tres días después, Boca salió decidido a tributarle una victoria al presidente en el trascendental partido ante San Lorenzo. El xeneize jugó un gran primer tiempo que le alcanzó para justificar la victoria final y alcanzar en las posiciones al equipo de Russo, luego de descontarle nada más y nada menos que ocho puntos, que llegaron a ser once antes de jugar el superclásico. Una semana más tarde, llegó la agónica victoria ante Arsenal en Sarandí, con el golazo de tiro libre de Riquelme, pero otra vez aparecieron las malas noticias: Gabriel Paletta se rompió los ligamentos cruzados.

Siete días después, el xeneize cayó en la Bombonera ante Vélez y esa derrota significó el ingreso definitivo de Luciano Figueroa en el equipo titular, con la paradoja que una semana antes Riquelme había celebrado su gol con un efusivo abrazo con el ex jugador del Genoa de Italia. Ante Vélez, Figueroa reemplazó a Viatri y ya no salió más del equipo titular, desplazando a Pablo Mouche.

La sociedad funcionó en Tucumán y tras una habilitación de Román y una buena definición de Lucho, Boca se trajo los tres puntos. Luego llegó la victoria ante Racing en la Bombonera, pero una semana después el equipo de Ischia no supo quebrar al Gimnasia de Madelón en La Plata y resignó los dos puntos de ventaja que tenía sobre San Lorenzo y Tigre.

En la fecha final, el equipo jugó un primer tiempo sobresaliente. Pero Javier García cometió dos graves errores y el xeneize terminó sufriendo ante el irregular Colón, para finalmente imponerse por 3 a 2. Ahora deberá jugar el triangular decisivo. Para algunos significa la posibilidad de perder un campeonato que Boca tenía ganado, luego de haberle sacado dos puntos de ventaja a Tigre y San Lorenzo. Para otros es exactamente lo contrario: representa la posibilidad de obtener un título que estaba perdido a manos de San Lorenzo.

Mientras tanto, Ischia (el técnico del fútbol argentino que más puntos sumó en el año) está en el medio. Lo cierto es que su equipo fue casi siempre protagonista del torneo, más allá de los innumerables -y en algunos casos inéditos- obstáculos que debió superar. Lo incierto es si seguirá siendo o no el DT de Boca en el 2009. Todo indica que si gana será héroe. Y si pierde, deberá resignarse a ser el malo de la película. Los dirigentes de Boca tendrán la última palabra.

- Hace un año, la misma situación:

Hace exactamente 365 días, en Boca se vivía una situación similar. Había que decidir la continuidad de Miguel Angel Russo, quien obtuvo la Copa Libertadores de la mano de una de las mejores versiones de Juan Román Riquelme. Pero en el segundo semestre, ya sin Román, no encontró nunca el equipo, perdió el superclásico y el Mundial de Clubes y no obtuvo ningún título. Entonces, Pompilio decidió su no continuidad y contrató a Ischia. El ex ayudante de campo de Bianchi hasta ahora solo obtuvo la Recopa, pero ha sabido resolver con mayor solvencia ciertas situaciones adversas, respecto de su antecesor. Además, supo insertar a varios juveniles en el primer equipo y varias veces encauzó partidos adversos a partir de sus aciertos con los cambios, algo no tan frecuente en la “era Russo”.

 

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