| 18 millones y
un lagrimón |
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Por Diego Lores
Al regreso del Mundial, logró su quinto título en Boca, la Recopa 2006, en la cual también fue figura y goleador. Hizo tres tantos, dos en la Bombonera y uno de cabeza, a lo Palermo, en el Morumbí y ante el San Pablo. Ya sin Basile y con Ricardo La Volpe como DT, Rodrigo fue el goleador del Apertura 2006, con 12 tantos. Y también fué el segundo mejor jugador xeneize, luego del Cata Díaz. Pero un bajón del rendimiento del equipo en general y de Rodrigo en particular, sobre todo en las últimas fechas, y la final perdida ante Estudiantes, hicieron de ese semestre un período para el olvido.
El final del 2007 lo encontró con lágrimas en los ojos, por la derrota en la final del Mundial de Clubes ante el Milan (hizo el primer gol xeneize, de cabeza). Rodrigo tuvo su pequeño consuelo, obteniendo el balón de bronce, detrás de Kaká y Seedorf. En esa ocasión, más allá de que Boca no fué campeón, demostró que también puede ser importante en partidos de trascendencia internacional, algo que sus detractores le criticaban. El primer semestre de 2008 lo tuvo, otra vez, como la figura de Boca, con un promedio de 6,44 entre Copa y Clausura, y diez goles (4 en la Copa y 6 en el torneo local). Los italianos se convencieron y ponen 18 millones. El magnífico tridente que forma con Riquelme y Palermo ya no se verá más por la Bombonera. Fueron 156 partidos con la azul y oro (111 de AFA y 45 internacionales). Nuestras gargantas enrojecieron 70 veces con sus goles (49 de AFA, 21 internacionales). Pensar que algunos dicen que tiene problemas para definir. Su promedio de gol de 0,44 por partido los desmiente. Si metiera todas las que tiene sería el mejor delantero del mundo, por escándalo. Tipo tranquilo, buena gente y sencillo, jamás fue expulsado con la azul y oro. Los que amamos a Boca lo vamos a extrañar mucho. Sí, a él que también aprendió a querer estos colores, al punto de ser el hincha número uno del equipo de básquet, el otro deporte que lo apasiona. Gracias eternas Rodrigo, mucha suerte y hasta pronto. Se nos pianta un lagrimón. |