Nadie es más importante que Boca
 

Por Diego Lores
loresdiego@estoesboca.com.ar

WWW.ESTOESBOCA.COM.AR, 20 de diciembre de 2007.- “Si viene Bianchi, me voy a mi casa, el es amigo de Cóppola" es la última frase picante, rutilante, de esas a las que Diego Armando Maradona nos tiene acostumbrados.

Desde que su genialidad ya no entra a las canchas, Maradona ha tratado de mantenerse en medio del mundo del fútbol a través de declaraciones explosivas. El fútbol es un negocio y hay que tratar de mantenerse en él como sea. Algunos eligen el camino de la representación de jugadores, otros el de la dirección técnica y también están los que se vuelcan al periodismo. No es el caso del futbolista más grande de todos los tiempos, quien desde su último partido en un glorioso Boca 2 – River 1, allá por 1997, sea ha dedicado al “fútbol sin arcos”: se mantiene ligado a la pelota, opinando de los más diversos temas, pero jamás como protagonista del juego en sí. Muchas veces se lo escuchó hablar de sus aspiraciones de dirigir a Boca, pero cada vez que se presentó la oportunidad se hizo el distraído. El caso más notorio fue en 2006, cuando luego de la salida de Alfio Basile hacia la Selección, Diego se negó a asumir, poniendo como excusa compromisos contractuales por cumplir (léase showbol).

Más allá de todo eso, en 2005 la dirigencia de Boca le dió la oportunidad de sumarse a la Institución como dirigente, a través de un contrato millonario por el cual el club también podía explotar su imagen. El acuerdo se frustró por otros vínculos que el diez tenía respecto de su imagen y además porque el estatuto del club no contempla la figura de dirigente remunerado. Entonces, Diego pasó a trabajar ad-honórem para Boca. Así, fue quien recomendó a Alfio Basile para hacerce cargo del plantel en el invierno de ese año. La movida salió bien: Boca fue campeón del Apertura y de la Sudamericana y Diego llegó a compartir el vestuario con los muchachos, el día de la consagración ante Olimpo en Bahía Blanca.

Pero el proyecto duró lo que dura un suspiro, algo habitual en todo lo relacionado a Diego. Ya a comienzos de 2006, la relación entre Maradona y Basile comenzó a ser distante. Maradona continuaba siendo asesor de la dirigencia xeneize, pero poco aportaba. La ruptura de esa relación salió a la luz cuando Basile aceptó hacerse cargo de la Selección, en agosto de ese año. Diego hizo públicas sus diferencias con Coco (otra vez Cóppola de por medio) y dió el okey para la llegada de La Volpe. Fue su último acto como dirigente de Boca. Luego llegó la debacle de la mano de Bigotón y Diego ya casi no volvió a aparecer, más allá de su pública aprobación a la llegada de Miguel Angel Russo. Antes, Macri había llevado a las hijas de George Bush al palco oficial de la Bombonera y la relación con el pro-Fidel Castro Maradona se quebró, al punto que el propio Diego declaró (en el programa Estudio Fútbol de TyC Sports) estar más cerca del Argentinos de Caruso Lombardi que de su amado Boca...

Pero el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y Pedro Pompilio no es la excepción. Horas después de asumir la presidencia de Boca (sin elecciones de por medio) afirmó que Diego Maradona iba a ser asesor de la nueva (vieja) dirigencia. Boca perdió ante Tigre la posibilidad de quedarse con el Apertura y Diego apareció al otro día en la práctica, para apoyar al DT y sus muchachos.

Pero ese era sólo el comienzo. Boca no pudo con el poderoso Milan en Japón, y Russo quedó en la picota. Riquelme habría bajado el pulgar ante la posibilidad del desembarco de Guillermo Barros Schelotto como DT. Pero todavía faltaba más: ante la posibilidad del regreso del DT más ganador de la historia del club, Diego tiró la frase con la cual comienza esta nota…

Ahora resulta que para elegir el DT de Boca, primero hay que ver de quien es amigo. No importa si se trata de alguien al que todos queremos tener en el club. Mientras no sea amigo de alguno de los tantos enemigos del diez, está todo bien…

Nunca nos vamos a olvidar de aquel glorioso 1981. Del debut ante Talleres, de los goles a Fillol, de las grandes jugadas ni de la vuelta olímpica. Tampoco vamos a dejar de estar orgullosos por que el más grande de la historia volvió para retirarse con la azul y oro. Pero tampoco vamos a permitir que los intereses de Diego Armando Maradona estén por sobre los de Boca Juniors. El es un ídolo más del club. Sus 70 partidos jugados con la gloriosa camiseta, sus 35 goles y una vuelta olímpica no alcanzan para considerarlo el más grande de la historia de Boca. Nadie, ni siquiera Maradona, es más importante que Boca Juniors. Si por el bien del club hay que contratar a un DT que es amigo de un enemigo de Diego, a nadie le debería molestar, Maradona incluído.

El diez siempre expresó su amor por Boca. Pero bajarle el pulgar a Bianchi es actuar como el más acérrimo enemigo. Diego debería demostrar que su amor por Boca es incondicional. Y si viene Bianchi, debería seguir alentando a Boca, desde el lugar que le corresponde: el palco que el club le entregó de por vida. Porque ese es su lugar. Y porque nadie es más importante que Boca.

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