En el fútbol argentino, los grandes ya no sobran
 

Por Antonio De Turris
Extraído del Diario La Nación del 6 de agosto de 2007

Hacia fines de la década del 40, los publicistas de cigarrillos Particulares tuvieron una idea ingeniosa: definir a su producto como "el sexto grande", pero no justamente emparentándolo con productos de otras tabacaleras, sino con los cinco grandes del fútbol argentino. En un dibujo que podía verse sobre todo en revistas deportivas, la marquilla de Particulares se mezclaba con ilustraciones que representaban a Boca, Independiente, Racing, River y San Lorenzo, citados aquí por riguroso orden alfabético.

En los primeros veinte años de profesionalismo, 1931-1951, River ganó siete títulos; Boca, seis; Independiente y Racing, fuerte en el amateurismo, tres cada uno, y San Lorenzo, dos. No había dudas respecto de quiénes mandaban y no las hubo durante muchos años; recién en 1967 otro club se sumó al quinteto: Estudiantes de la Plata, con el innovador equipo de Osvaldo Zubeldía.

Los cinco grandes eran compradores. La gloria la fueron construyendo con sus propios jugadores, pero también llevándose lo mejor que aparecía en otros clubes. River fue famoso en ese rubro por los 35.000 pesos que abonó a Tigre por Bernabé Ferreyra. El mayor goleador en la historia de Boca, Francisco Varallo, fue comprado a Gimnasia y Esgrima La Plata; San Lorenzo adquirió a Petronila de Britos, un brasileño goleador; un centrodelantero de apenas 19 años brillaba en Central Córdoba, Vicente de la Mata, e Independiente puso 27.500 pesos y lo hizo jugar al lado del paraguayo Arsenio Erico, por el que ya había pagado una suma similar. Racing contestaba comprándole a Rosario Central un puntero de endiablada gambeta: Enrique "El Chueco" García, por 38.500 pesos.

Por cierto, no se pagaban por jugadores las sumas que se abonan hoy, pero 38.500 pesos era mucha plata. El sueldo promedio era de 80 pesos mensuales, un dólar costaba unos 3,20 pesos y un automóvil Voiturette Chrysler -un verdadero lujo- valía 4400 pesos. En la década del 30, el Producto Bruto Interno per cápita era de 540 dólares anuales.

Y así era año tras año. Y así fue hasta bien entrada la década del 70. Era impensable por entonces, y hasta no hace mucho tiempo, que dirigentes de un club grande, River en este caso, salieran de gira a vender.

Las compras no siempre daban resultado, obviamente, pero muchas veces sí, y los grandes marcaban la diferencia. En su larga noche de 18 años sin campeonatos, River no se privó de invertir mucho y armar muy buenos equipos. Y no penaba en la mitad de tabla sino arriba, al punto que, en un momento dado, llegó a ser un eterno segundo. Racing vivió una pesadilla infinitamente peor, que hasta incluyó un paso por la B, pero ni siquiera entonces entregó, como ahora, la imagen de algo totalmente endeble al que ni el fervor de su gente y su historia lo salvan de andar sufriendo por los últimos puestos y sobresaltado, con la posibilidad cierta de un nuevo descenso. Si sus hinchas tienen esperanzas de que ese extraordinario jugador que es Maximiliano Moralez dure un tiempo más en el club es sólo porque su físico corto y enjuto lo torne poco atractivo para el mercado europeo. No porque falte voluntad de venderlo.

San Lorenzo también pasó por la B, pero vivió un oprobio mucho mayor y más doloroso: el destierro de su rincón en la Avenida La Plata y el traslado a un sector de Buenos Aires que nada tiene que ver con su historia y sus sentimientos. San Lorenzo también vive el día a día y no sabe si para el año próximo, cuando le toque jugar la copa Libertadores, tendrá el plantel exitoso de hoy. Recuperó a Bernardo Romeo, ya con una larga campaña encima y anda detrás de Daniel Bilos, pero ya perdió a Lavezzi y a Ledesma, acaso sus dos piezas fundamentales.

Independiente es otro que vive de glorias pasadas. Su última joya fue Agüero y, apenas pudo, lo vendió. La copa Libertadores, otrora su torneo favorito, es, desde hace quince años, una meta casi inalcanzable. Y no se habla de ganarla, sino de participar. Y eso que ahora no es como antes, cuando la Libertadores sólo la jugaban los campeones.

Víctimas de dirigencias que parecían puestas por el enemigo, Racing, Independiente y San Lorenzo desde hace muchos años se deslizan por un tobogán que parece no tener fin. Ahora, aquejado por el mismo mal, River podría entrar en esa pendiente. River es hoy tierra donde se libran batallas mafiosas y sus arcas están enflaquecidas.

En tiempos cercanos, década del 90, River se daba el lujo de tener a Marcelo Salas y Marcelo Gallardo en el banco de suplentes, cuando ambos estaban en su plenitud. Hoy, River confía en Sixto Peralta, quien parece lejos de la estatura de aquellos.

Alguna vez, Chacarita, Quilmes, Argentinos y Ferro fueron campeones, pero no por eso dejaron de ser chicos. En más de una oportunidad, Chacarita, Tigre, Chicago y otros llenaron alguna de las inmensas tribunas del Monumental, pero siguieron siendo chicos. Ni Vélez ni Estudiantes, con todo lo que hicieron incluso a nivel internacional, se recibieron de grandes de verdad. Y lo mismo cabe para los poderosos de Rosario.

Racing e Independiente no dejarán de ser lo que son hoy, grandes venidos a menos que viven de recuerdos, ganando aisladamente un campeonato cada tanto y administrando presupuestos raquíticos. San Lorenzo vive hoy un presente distinto, pero no hay motivos para suponer que terminará redondeando una década de oro.

En los últimos 33 años, San Lorenzo ganó cuatro campeonatos (2007, 2001, 1995 y 1974). Esto parecería ponerlo en un pie de igualdad con Independiente, que dio la vuelta olímpica por última vez en 2002. En los últimos 34 años, el orgulloso Diablo sólo se dio el gusto cuatro veces (2002, 1994, 1989 y 1983). Pavoroso. Revolver la herida de Racing sería cruel. La gloria o el ocaso no se construyen de un día para el otro. Los de Avellaneda y el ex de Boedo se han tomado muchos años para entrar en las sombras y necesitarán de muchos años, también, para salir de ellas.

El que acaba de ganar San Lorenzo, fue el sexto campeonato seguido en el que los Millonarios (hoy, mejor Gallinas o los de Núñez) no pudieron dar la vuelta olímpica. Pero River ganó tres Clausura seguidos, 2002, 2003 y 2004, los cuales, sumados a su impresionante raid de éxitos en la década del 90, todavía lo mantienen, a despecho de sus fracasos internacionales, como una marca de mercado de mucho valor. Mucho más que las que constituyen Independiente, Racing y San Lorenzo.

Promediando la década del 90, la leyenda del aviso de Particulares hubiera presentado a estos cigarrillos como "El tercer grande" , pues para entonces ya estaba claro que Boca y River se habían despegado claramente de los otros tres, deportiva y económicamente. Boca y River peleaban por la supremacía de nuestro fútbol y por la mejor proyección internacional. Y quien les hacía sombra era Vélez. Independiente, Racing y San Lorenzo sólo procuraban no caer más, ir escapando de dos grandes fantasmas: el descenso y la quiebra, en el orden que se prefiera.

Hoy, el escenario ya no es el mismo. River mantiene aún frescos los recuerdos de tiempos felices -autorrótulo bien ganado de Campeón del Siglo incluido-, pero el presente lo encuentra sumido en una crisis de la que no saldrá fácilmente, aun suponiendo que en lo inmediato vuelva a lo más alto del podio.

Frente a un orden económico mundial que ha convertido a los hasta hace poco por aquí desconocidos Villarreal y Getafe españoles en ricachones que se llevan lo que quieren de América del Sur, Boca aparece como el más organizado para resistir. Hay miles de personas en lista de espera para comprar un abono para ver al equipo de local, la Bombonera es una de las grandes atracciones del turismo internacional que visita la Argentina y su merchandising se ve por todo el mundo. Y encima le pelea a Real Madrid y a Milan la supremacía mundial. Boca es hoy la marca del fútbol argentino y una de las grandes marcas del fútbol mundial.

Boca se dio el lujo de ofrecer a Central 6,5 millones de dólares por el juvenil Di María. Y, mientras tanto, especula con seguir teniendo a Riquelme, que le costó dos millones de dólares por cuatro meses, y atesora esa joyita que es Palacio. Por cierto, no pierde de vista el negocio -¿qué otra cosa son los 5.000.000 de dólares que Getafe le pagó por Daniel Díaz?-, pero tiene margen para la reinversión.

Dentro de las dificultades que enfrenta, como el resto, Boca intenta hacer realidad una de las máximas de don Santiago Bernabeu que hicieron grande a Real Madrid: el negocio es vender fútbol, además de futbolistas. Seguramente ello influyó para que desde 2000 hasta hoy, haya ganado cuatro copas Libertadores, dos Intercontinentales en Japón y dos Sudamericanas.

Partidos son partidos y nadie tiene nada asegurado en este juego que, por eso mismo, es apasionante. Y no hay fracasos ni frustraciones que valgan cuando manda el corazón. Nadie podrá convencer a un hincha de Atlas o de Sacachispas que sus equipos no son lo mejor del mundo. Pero, sí, aunque a algunos les duela, hay que reconocer que si se habla de grandes de verdad, con historia y con un presente sólido, la leyenda del aviso de Particulares hoy probablemente diría "El otro grande".

Lo demás, son cuestiones del alma.

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