Vergüenza en La Plata
 

Por Rodrigo Castro
rodrigocastro@estoesboca.com.ar

Boca Juniors llegaba al Estadio Ciudad de La Plata con el fin de conseguir los tres puntos y el récord que ostenta San Lorenzo de Almagro con 13 victorias consecutivas. Gimnasia de esa ciudad quería sacarle a Boca esa posibilidad de cualquier manera. La gente colmó el estadio de un lado y del otro, la salida de los equipos fue una absoluta fiesta y todo parecía encaminarse hacia un partido inolvidable.

Daniel GiménezEstadio con comodidades poco comunes en el fútbol argentino, pasillos amplios, vestuarios cómodos para la prensa y los jugadores y un abanico enorme de posibilidades para la policía de la provincia, encargada del operativo. El partido comenzó áspero y duro para Boca, que sufría los embates rivales, que buscaban a través del juego brusco la posibilidad de frenar al líder del torneo. Claro que ante esta situación existe un juez, persona encargada de impartir justicia para el conjunto golpeado. Gimnasia comenzó a cargarse de amarillas debido a esta cuestión (6 para ser exactos), pero consiguió una victoria parcial que a priori parecía impensada. Un penal inventado por el desastroso Daniel Giménez le permitió al conjunto platense ponerse en ventaja.

Así terminaron los primeros 45 minutos de juego. Mucho para hablar en el entretiempo para Basile y también para Troglio, quien ya había sido expulsado por excesos verbales en la primera parte. De repente Martín Palermo, capitán xeneize, es llamado por el árbitro del partido e informado sobre la suspensión definitiva del encuentro debido a una amenaza recibida por Giménez de parte de Juan José Muñoz, presidente de la institución local.

Como ocurre siempre que no están las cosas claras, las conjeturas que se tejieron alrededor del acontecimiento fueron innumerables: patoterismo, barras, armas, etc. La realidad es que la denuncia presentada por el árbitro del partido habla de excesos verbales por parte del presidente del club. Según declaró Giménez y según parece ratificaron los testigos Muñoz le dijo “mañana te mato en A.F.A”. Por otra parte los acompañantes de Muñoz eran otros dirigentes y no barras, y no hubo en ningún momento armas de fuego. Muñoz salió al cruce en los medios de comunicación declarando que el solo le fue a pedir solidaridad para con Pedro Troglio que no estaba viviendo un momento feliz, además agregó una y otra vez que su comportamiento fue torpe y pidió disculpas por eso, pero que siempre actuó de buena fe.

Como hay dos campanas, existen dos puntos de vista. Por un lado y lo más importante, nada tiene que hacer el señor Muñoz en el vestuario del árbitro durante el entretiempo, y es evidente que se propasó en el pedido. Por otro lado, hay que pensar en el espectador, cosa que a este juez ya entrado en años le cuesta hacer. Al no tener las declaraciones del sargento, hay que remitirse a lo asentado ante las autoridades pertinentes.

Basta de policía sin preparación que lo único que hace es ocupar un espacio en la cancha y ver el partido gratis, así como cobrar operativos carísimos e inútiles que funden clubes del ascenso todos los fines de semana. Nunca están donde deben, esta vez custodiando al árbitro del partido. Muñoz entró como si estuviera en su casa, cosa que debería ser imposible de hacer hasta para el presidente del club.

Basta de árbitros como Daniel Giménez que nunca sirven al espectáculo, y no me refiero a los fallos dentro del campo de juego, que pueden ser discutibles, sino a comportamientos más allá del terreno, dejando una nebulosa enorme ante la prensa, que es la intermediara entre los protagonistas y la gente, gente que tiene todo el derecho de saber, tras pagar una entrada para nada barata, por qué debe dejar el estadio sin la segunda mitad del espectáculo. Una falta de respeto absoluta ante los miles de hinchas de ambas parcialidades que se acercaron al estadio único para vivir una fiesta.

Y basta también de dirigentes mediocres y patoteros que le hacen tanto daño al fútbol en todas las categorías que existen en la Argentina. Nada tiene que hacer Muñoz en el camarín de los árbitros, sea cual sea su intención. Además, al escucharlo uno duda y mucho de su versión, a la cual le falta evidentemente alguna pata. ¿Cómo es posible que de pedir solidaridad para con el técnico se pase a una amenaza y una suspensión?, Nadie sabe la respuesta a esta pregunta. Habrá que esperar que Muñoz sea separado de la A.F.A, institución a la que increíblemente pertenece este barra convertido en presidente.

En síntesis, se juntó la mediocridad del fútbol en un vestuario y el hincha tuvo que pagar por eso. Esperemos que se tomen las medidas del caso, que Daniel Giménez finalmente deje bien en claro qué es lo que paso, que Muñoz deje de mentir y se haga cargo de su mediocridad y que la entidad que envuelve el fútbol argentino se haga cargo de la situación caótica en la que está sumergida este deporte.

Esta vez la felicitación para el público, que ante la noticia abandonó el estadio con total normalidad sin causar desmanes. Claro que la barra del lobo tiene “banca” con Muñoz y lo saben, situación que hace difícil que causen desorden una vez que se supo que la suspensión sobrevino luego de un exceso de su presidente. Hinchas de fútbol, dirigentes serios y árbitros capaces es lo que necesita el fútbol para vivirlo como debe ser: una fiesta de 90 minutos que termina ahí. La pasión es válida y eso hace del hincha argentino algo único en el mundo, pero también las batallas y estas vergüenzas se televisan en el mundo entero. La solución: seriedad y responsabilidad, cosa que parece una utopía dentro de nuestro juego favorito.

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