Quizá
Angel Clemente Rojas sea, para el Jugador Número Doce, uno de
los idolos que más lejos llegó en cuanto a devoción
de esa enorme hinchada para con un jugador del club. Resultan impotentes
las expresiones para definir el sentimiento que le prodigó el
hincha de Boca a Rojitas. Fue adorado y mimado hasta límites
insólitos cuando estaba en su buena hora y fue alentado y perdonado
cuando por su poco apego al entrenamiento dejó perder su mejor
condición física. Hasta se puede decir que a su lugar
accedió solamentente otro jugador: Diego Armando Maradona.
Pocos conocen que antes de recalar en Boca, Angel intentó una
prueba en River. Lo llevó su padrino, pero un portero de ese
club no lo dejó entrar, porque no llevaba vaya a saber uno que
tipo de citación. Angelito y su padrino se volvieron a Sarandí,
donde vivían, y pensaron en una buena forma de venganza...
El Nano Gandulla lo descubrió el martes 27 de mayo de 1959, en
una cancha del barrio Agronomía. Esa misma noche, Angel Clemente
Rojas puso su rubrica y se convirtió en jugador de Boca. Cinco
días después debuto en Sexta división contra Huracán.
Rojitas metió dos goles para la victoria 3 a 1 sobre Huracán.
Luego jugó en Arsenal de Lavallol de la Primera "C",
por aquel entonces filial xeneize. Después de un año,
Adolfo Pedernera ordenó su retorno a Boca. Jugaba en la Tercera,
dónde La Doce comenzó a conocerlo y a pedirlo para la
Primera.
El 19 de mayo de 1963 debutó ante Vélez, en La Bombonera.
Boca ganó 3 a 0, con tres goles de Corbatta, tras tres electrizantes
jugadas de Rojitas. Pocos jugadores en la historia de Boca fueron tan
reconocidos por su actuación el día de su debut. Pedernera
quedó obligado a no sacarlo nunca más. Ese día
Rojitas se fue en andas. Los jugadores de Boca recibieron 300.000 pesos
por ese partido y Angel se los gastó en una sola noche, según
cuenta la leyenda.
Las gambetas capaz de realizar y su siempre irreverente actitud hacia
Amadeo Carrizo, un símbolo riverplatense, aceleraron su marcha
hacia la consagración.
Se
encumbró entre los mejores delanteros argentinos de la década
del sesenta, a partir de 1964, luego de una grave lesión que
lo mantuvo inactivo la mayor parte de 1963. Un encontronazo con Devoto,
defensor de Huracán, y los ligamentos que crujen despiadados.
Muchos fueron los que dijeron que esa lesión era el final de
la carrera de ese hombre que ya había dado muestras acabadas
de sus dotes. Pero en 1965 fue devuelto a su plenitud física,
convirtiéndose en artífice de la estrella obtenida ese
año. Angel jugó todos los partidos del año, algunos
de ellos en un nivel increíble. El 8 de diciembre de 1965 tuvo
una actuación memorable ante River, en un encuentro que Boca
ganó 2 a 1, con un gol del Beto Menéndez faltando tres
minutos. Con esa victoria, Boca casi se aseguraba el título.
Y esa vuelta olímpica, a diferencia de la de 1964, tuvo el dulce
gusto del fútbol de Angel Clemente Rojas.
No tuvo un buen 1966 y Pedernera lo bajó a la Reserva, reemplazándolo
con César Menotti. Por entonces, tenía sólo 21
años. Esta irregularidad en Boca provocó su ausencia en
el Mundial de Inglaterra.
Los dos años siguientes también fueron difíciles
por algunas lesiones y por la gran cantidad de jugadores que por entonces
incorporaba Boca. Su lugar había sido ocupado por el Tano Novello.
Alfredo Distéfano llegó a Boca en 1969 y la vida de Rojitas
retomaría el camino que había dejado desde hacía
tres años. Su físico se pareció al del pibe que
debutó en 1963 y su fútbol fue decisivo para que Boca
ganara el Nacional de ese año. Otra vez jugó todos los
partidos y fue goleador del equipo junto a Madurga.
Rojitas no era el gambeteador empedernido que siempre quería
hacer la jugada imposible. Era capaz de hacerla, pero su gambeta era
positiva, siempre para adelante, generando el fútbol claro y
contundente con esa estirpe que sólo tienen los cracks. No era
tampoco el habilidoso tierno que a la hora de los golpes se borraba
del partido. Parecía agrandarse cuando los golpes trataban de
cortar ese circuito endiablado que elaboraba su cintura. No tenía
el remate espectacular del cañonero, pero su remate era capaz
de desorientar al arquero por la precisión con que era ejecutado.
Muchos son los goles que se pueden recordar de "Rojitas".
Pero quizá el que más importancia haya tenido fue el que
logró en las finales del Nacional de 1970, ante Rosario Central.
Una pelota llega a sus pies dentro del área. Está rodeado
de rivales. "Chupete" Quiroga, el arquero de Central, sale
presuroso y se arroja trantando de tapar la trayectoria que podía
tomar el balón. Angel quebró la cintura y sacó
un derechazo que pasó por debajo del cuerpo del arquero y se
metió por el centro del arco entre dos defensores que se quedaron
parados ante la presición y rapidez de la maniobra. Ese gol fue
el 1 a 1. Luego, Boca fue un aluvión que se lanzó sobre
la meta rosarina. Otra gambeta de Rojas, el pase a la derecha, el centro
y la llegada franca para definir de Jorge Coch. Boca daba la vuelta
olímpica por segunda vez consecutiva en el Monumental. Rojitas
era el responsable directo de ello.
Sus compadres fueron varios. Con Norberto Menéndez, el Nene Sanfilippo,
el Tano Novello, el Pocho Pianetti o el Muñeco Madurga se cansó
de tirar paredes fatales para las defensas adversarias.
Su ocaso comenzó a partir de 1971, año del que surge un
recuerdo impactante a modo de despedida. Fue el 10 de junio, en cancha
de Racing. River le ganaba a Boca 3 a 1 y dos goles de Rojitas en los
últimos doce minutos de juego le dieron a los xeneizes una igualdad
3 a 3 que se pareció mucho a un milagro. Una semana más
tarde, Angelito le hizo a Banfield su último gol con la camiseta
azul y oro. Boca ganó 2 a 1, y el gol de Rojitas fue el de la
victoria. Su último partido en Boca fue el 28 de noviembre, en
una noche fatal de derrota con los juveniles de River, 1-3 en cancha
de Racing.
En 1972 y con sólo 28 años, fue transferido a préstamo
al Deportivo Municipal de Perú, dónde en escasos momentos
llegó a justificar su presencia de jugador famoso. Cansado de
no jugar o de jugar mal, prendió un cigarrilo en el banco de
suplentes en pleno partido y motivó su inmediata devolución
a Boca Juniors.
Volvió por la recuperación en 1973, pero ya no era el
mismo. Jugó un par de partidos en Tercera División, uno
de ellos ante River y se lo mencionó como reemplazante de Curioni,
suspendido. Su condición física evitó esa vuelta.
En esos partidos comprobó que los hinchas lo amaban como el primer
día, pero los dirigentes le dieron el pase libre el 31 de diciembre.
En total jugó 220 partidos en Boca (189 locales y 31 internacionales).
Hizo 79 goles (67 locales y 12 internacionales). Ganó 5 títulos:
1964, 1965, Copa Argentina 1969 y los Nacionales 1969 y 1970.
Ya en 1974 se fue a Racing, dónde jugó 17 partidos e hizo
un gol. Después llegó el paso por el Ascenso. Jugó
en Nueva Chiacago durante 1975 y subió a Primera con Lanús
en 1976. Siguió con el granate en 1977 pero apenas jugó
5 partidos, uno de ellos ante el Argentinos Juniors de Diego Armando
Maradona. En 1978 se despidió del fútbol jugando para
Argentino de Quilmes. Se había ido un grandísimo jugador.
Uno de los símbolos estelares que brillan en el cielo azul y
oro.
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