| Sudáfrica
2010 - Balance final |
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Por Diego Lores Sudáfrica 2010 fue un buen mundial y tuvo un justo campeón. La España de Vicente del Bosque llegó al certamen como la máxima favorita y, como pocas veces ocurre con los equipos que ostentan esa condición, ratificó su condición de mejor selección del mundo. Cuando los de Del Bosque cayeron en su debut ante Suiza, muchos creyeron que una vez más, España debía postergar sus ilusiones de obtener la Copa del Mundo. Incluso, existía un antecedente lapidario: jamás en la historia de los mundiales un equipo que había perdido en el debut había terminado llevándose la Copa. Finalizada la primera ronda, con Sudáfrica como primer anfitrión que no logró clasificar a la segunda ronda, con Nueva Zelanda armando las valijas en condición de invicto (finalmente fue el único del certamen) y consumados los rotundos fracasos de Italia y Francia, Argentina, Holanda (ambos ganadores de todos los partidos de la fase de grupos), Brasil y Alemania aparecían como grandes favoritos al título. España aún cargaba con las dudas que dejó su debut, las que no pudo despejar con una lógica victoria ante la humilde Honduras. Apenas comenzó a aparecer ante Chile, un seleccionado que con su ambición desmedida le facilitó mucho las cosas, al punto que al término del primer tiempo España ya ganaba 2 a 0. Ya en octavos de final, Argentina comenzó a dejar dudas. Le ganó 3 a 1 a México, con un gol en evidente offside y con la colaboración de los defensores mexicanos, que cometieron errores imperdonables a esa altura de la competencia. Brasil se floreó ante el Chile de Marcelo Bielsa. Alemania destrozó a Inglaterra, más allá del error increíble del uruguayo Larrionda, que no vio el golazo de Frank Lampard. Holanda se sacó de encima a Eslovaquia casi sin despeinarse. Mientras, España seguía sin aparecer en su mayor dimensión y se impuso trabajosamente, 1 a 0 a Portugal. Por su parte, Uruguay, en una llave sin grandes cucos, comenzaba a silbar bajito con su triunfo ante Corea. Los cuartos de final significaron el derrumbe definitivo de Argentina y Brasil y la consiguiente confirmación de Alemania y Holanda como candidatos. Y Uruguay hizo el milagro de meterse entre los cuatro mejores equipos del mundo después de 40 años, en un final para el infarto ante Ghana, que estuvo a un penal de ser el primer africano en llegar a las semifinales de la Copa del Mundo. España por su parte, sufrió muchísimo para vencer al ordenado Paraguay de Gerardo Martino, que pudo haber cambiado la historia de la Copa con aquel penal que Cardozo malogró ante el enorme Iker Casillas a los 15 minutos del segundo tiempo. Luego del penal también malogrado, esta vez por Xavi Alonso, y a falta de sólo siete minutos para el suplementario, David Villa se encargó de rescatar a España. Una España que ya estaba en semifinales pero que aún no había mostrado su mejor cara. En semifinales, Uruguay le dio mucho más trabajo del que muchos imaginaban a la entonada Holanda. Por su parte, el segundo choque era para alquilar balcones. La joven y prometedora Alemania de Joachim Low ante el candidato de todos, que aún buscaba aparecer en toda su dimensión en la Copa. Y vaya si lo lograron los españoles. Dominaron al buen conjunto alemán durante los 90 minutos y los vencieron con un furibundo cabezazo de Carles Puyol. Fue recién en el tiempo suplementario de la final cuando España terminó de mostrar todo su poderío. En los 90 reglamentarios fue el equipo que impuso condiciones. Holanda se dedicó a esperar y a raspar en el medio. Bien pudo quedarse el equipo de Bert Van Marwijk con un hombre menos. Y también pudo ganar el partido y la Copa con aquel mano a mano que Casillas le tapó a Robben. El tiempo suplementario fue todo de Andrés Iniesta, quien venía postulándose para figura del Mundial y confirmó esa condición en el momento en que los craks deben aparecer: las intancias decisivas. En esos treinta minutos hizo todo lo que España necesitaba para quedarse con el trofeo más hermoso: dejó mano a mano a Fabregas ante Stekelenburg, apareció peligrosamente en el área rival, hizo amonestar a Van der Wiel y expulsar a Heitinga. Como broche de oro, inició y terminó definiendo la jugada del gol del campeonato. De su mano, España se metió en el exclusivo club de los campeones del mundo, que ahora está integrado por ocho selecciones. Para llegar a la cima, le bastó con ganar sus últimos cuatro partidos apenas por 1 a 0. También le bastó con haber convertido apenas 8 goles en el certamen, la marca más baja de la historia para un campeón. Y sólo tuvo tres goleadores en su plantel: David Villa (5), Andrés Iniesta (2) y el restante de Tarzán Puyol. Mucho tuvo que ver en esto el discretísimo Mundial de su hombre de área, Fernando El Niño Torres. Siempre el campeón del mundial es un buen equipo. Algunos tienen más brillos que otros, pero a ninguno se lo puede cuestionar. Ni siquiera a aquella granítica Italia de Lippi del 2006. Este equipo de Del Bosque, a priori, estuvo por encima de campeones como la Italia de 1982, en la que la diferencia la hacían Bruno Conti y Paolo Rossi. Y hasta por encima del ordenadísimo Brasil de 1994, el dirigido por Carlos Alberto Parreira, ese que te liquidaba con la formidable dupla atacante Bebeto - Romario. Quizás su nivel sea comparable a la Francia de 1998, que a pesar de contar con dos delanteros sin gol como Dugarry y Givarch, convirtió casi el doble de goles que esta selección española, a partir de la inspiración de un tal Zinedine Zidane. España no fue la Argentina de 1986, ni el Brasil de 2002 que ganó la Copa venciendo en todos sus compromisos. Ni siquiera quizás alcance el nivel de la Argentina de 1978 ni de la Alemania de 1990, que ganó el Mundial de punta a punta, a pesar de la deslucida final. Pero más allá de las siempre odiosas comparaciones, España fue un campeón paradójico. Porque practicó un fútbol que hace un culto del buen trato de la pelota y del toque corto. Porque fue un equipo rebosante de jugadores de buen pie como Xabi, Xabi Alonso, David Villa y Fabregas, cada vez que le tocó ingresar. La paradoja se da por una dosis de contundencia ofensiva casi diametralmente opuesta a la capacidad de sus jugadores. Y por su exigua cantidad de goles en contra, siendo un conjunto que siempre priorizó el ataque por sobre la defensa. Para ser más claro: si bien las luces pasaron por otro lado, su solidez defensiva terminó siendo determinante a la hora de ganar el Mundial. Sólo Suiza, con un gol lleno de rebotes y Chile, con un remate que se desvió en un defensor, lograron batir a Casillas. En el plano individual, los pilares del campeón fueron Iker
Casillas, arquero que aparece en los momentos decisivos. Sergio Ramos
aportó mucho con sus proyecciones y su juego aéreo. Puyol
fue el patrón del equipo e hizo un gol vital. En el medio, Iniesta
se lleva todos los laureles, pero Xabi y Xabi Alonso fueron importantísimos
dentro de ese esquema de toque y rotación permanente. Y que decir
de Villa. Sin su enorme capacidad goleadora la historia de este equipo
seguramente hubiera sido diferente. Pero España lo tiene a él,
a Iniesta, y a toda la companía. Por eso, nadie le puede reprochar
nada. Apareció en la instancia decisiva y fue claramente el mejor
equipo del Mundial. Un merecido campeón. Alemania 4 - Australia 0. Somníferos: Sistema táctico de moda:
4-2-3-1. Sus mayores exponentes fueron Alemania y Holanda. España
lo práctico en varias ocasiones, con el retroceso de David Villa
sobre la izquierda del ataque español. 145 goles: Se marcaron en Sudáfrica 2010, con un promedio de 2,27 por partido, el segundo más bajo de la historia. Hubo 57 goles en los primeros tiempos, 86 en las etapas complementarias y dos en tiempo suplementario. Cuatro partidos llegaron a esa instancia y sólo se registraron dos definiciones por penales (Uruguay - Ghana y Paraguay - Japón). Seis equipos más goleadores que España: Alemania (16), Holanda (12), Uruguay (11), Argentina (10) y Brasil (9) hicieron más goles que el campeón en el Mundial. Los dos últimos, jugaron dos partidos menos. Portugal jugó 4 partidos pero sólo pudo anotar ante Corea del Norte (7 goles). Argelia y Honduras se fueron sin convertir. Paradójicamente, Portugal recibió un solo gol, y le costó la eliminación. |