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El gran sueño se cumplió. Boca repitió la
epopeya del año 2000 y es nuevamente el Rey de Argentina,
de América y del Mundo. Y de yapa, ingresó al exclusivísimo
círculo de los Tricampeones del Mundo, privilegio de sólo
cinco equipos en el planeta: Boca Juniors, Real Madrid (España),
Peñarol y Nacional (ambos de Uruguay) y el derrotado de
ayer, el Milan italiano.
La actuación xeneize en la noche de Yokohama
fue de menor a mayor. Flojos comenzaron Luis Perea (se ganó
la amarilla a los 5 minutos de juego), Seba Battaglia (impreciso
en las entregas) y el brasileño Iarley (inseguro con la
pelota). En esos primeros minutos, fue el Milan el que se adueñó
del balón. Boca prácticamente se limitaba a esperar
atrás.
Sin
embargo, los de Bianchi contaron con la primera situación
clara del partido, a partir de una de las jugadas que el DT xeneize
tenía preparadas para esta final: Cascini ejecutó
un tiro libre desde la izquierda, Donnet picó desde la
medialuna hacia la derecha, sector dónde llegó el
envío de Cascini. El santafesino le pegó de aire
y obligó a Dida a sacar la pelota al córner. Del
mismo, llegó un gran cabezazo de Schiavi y el brasileño
arquero del Milan volvió a intervenir en buena forma.
Justo cuando Boca comenzaba a animarse, Battaglia
entregó corto para Iarley, Andrea Pirlo recuperó
la pelota y sacó una larga habilitación que tomó
a la defensa xeneize a contrapierna, y Tomasson, entrando de frente,
puso en ventaja a la "scuadra rossonera".
Parecía
que se venía la noche. Boca necesitaba encontrar la igualdad
cuanto antes. Y este equipo siempre aparece en las mas difíciles.
Asimiló el golpe y Battaglia recuperó una pelota
que jugó mal Cafú. El "León" tiró
una pared con Clemente, éste habilitó a Guillermo,
quién sacó el centro. La estirada de Iarley dejó
desubicado a Dida, que venía saliendo rápido y mal,
la pelota le quedó a Donnet y el santafesino definió
con mucha tranquilidad para darle la rápida igualdad a
Boca. De esta manera el ex Venezia de Italia logró retribuirle
la confianza al técnico Carlos Bianchi, quién se
jugó por su inclusión y lo bancó durante
todo el 2003, a pesar de algunos bajos rendimientos.
Apenas dos minutos después, el Milan pudo
encontrar el segundo cuando Kaká (hasta ahí de lo
mejor de los italianos) remató desde afuera del área
y su tiro se estrelló contra el palo izquerdo de Abbondanzieri.
El danés Tomasson, por centímetros, no pudo tomar
el rebote. Los de Ancelotti retomaron el control del balón
y Boca volvió a retroceder en su propio campo pero ya no
había mas tiempo y el primer tiempo se fue con un lógico
1 a 1.
El complemento comenzó siendo similar
a lo visto en el primer tiempo. A Boca le costaba tener la pelota
lejos de su arco (por la ya mencionada inseguridad de Iarley)
y Ancelotti parecía querer poner toda la carne en el asador
cuando mandó a calentar a Filippo Inzaghi, quién
luego reemplazó a Jon Dahl Tomasson. A esa altura, era
evidente que Boca necesitaba el ingreso de Carlitos Tevez.
Corrían 15 del segundo tiempo y los italianos,
que por ese momento controlaban el juego, obligaron a la primera
gran intervención de Abbondanzieri en la fría noche
de Yokohama: Pirlo metió un tiro libre en el área,
Shevchenko se la bajó de cabeza a Paolo Maldini y Abbondanzieri
tapó el remate del capitán milanista para que luego
Cascini despejara al córner.
El
partido cambió claramente a partir del ingreso de Tevez
por un maltrecho Guillermo Barros Schelotto (27 minutos del complemento).
En la primera jugada en la que intervino el 9 xeneize, ganó
un córner desde la derecha que pudo ser el segundo de Boca,
luego de que la bajara Schiavi en el segundo palo y el nuevo cabezazo,
esta vez de Donnet, se fuera por sobre el travesaño. Si
bien Tevez no brilló, Boca fue un equipo con él
y otro sin Carlitos. A partir de su ingreso, los italianos levantaron
el pie del acelerador y tomaron mayores recaudos en la parte defensiva.
Kaká
ya no era ni por asomo el del primer tiempo y Ancelotti lo reemplazó
por un apático Rui Costa. Pancaro ya no se proyectaba como
al comienzo del complemento y Boca comenzaba a adelantar sus líneas
y a demostrar mayor resto físico. Perea se comenzó
a proyectar por la derecha y Battaglia ya había retomado
su nivel habitual. Sobre la hora, Boca se pudo quedar con la Copa
cuando Cascini presionó a Gattuso, la pelota le quedó
a Battaglia, este habilitó a Iarley, quien se la cedió
a Tevez y el zurdazo de Carlitos se fue apenas por sobre el travesaño.
En el tiempo suplementario, el que propuso fue
Boca y el que esperaba era el equipo italiano. Cafú y Pancaro
ni siquiera cruzaban la mitad de la cancha, Boca ganaba las pelotas
divididas y comenzaba a inclinar la cancha. Cascini se deglutía
a Rui Costa y Burdisso (de gran partido) y Schiavi estaban cada
vez mas firmes. Los de Ancelotti sólo llegaban con pelotas
paradas que terminaban en contragolpes xeneizes.
El Milan contó con una clara y aislada
situación de gol apenas comenzado el segundo tiempo del
alargue. Pirlo se la puso a Shevchenko, éste la bajó
con el pecho, giró y sacó un remate que Abbondanzieri,
achicándo muy bien, sacó al córner.
Sobre la hora, otra vez lo tuvo Boca. Cagna metió
una pelota para Tevez, el Milan jugó mal con el offside
(Seedorf habilitaba a todos), el holandés rechazó
y Schiavi remató por sobre el travesaño.
Llegó la hora de los penales y era evidente
que el nerviosismo era mucho mayor por parte de los italianos.
Bianchi reunió al grupo y tiró unas palabras que
le sacaron presión a los xeneizes.
El
primer penal lo ejecutó Andrea Pirlo y Abbondanzieri lo
atajó al mejor estilo Oscar Córdoba, manejándo
los tiempos de gran forma para arrojárse hacia su derecha.
Luego Schiavi continuó con su cien por ciento de efectividad
en penales desde que está en Boca, rematándo sobre
la derecha de Dida quien fue hacia la izquierda. Rui Costa convirtió
rematándo también hacia la derecha, a pesar de que
el Pato adivinó la intención. El peor momento de
la definición llegó cuando Battaglia remató
al medio y tapó Dida. Pero Seedorf la tiró a las
nubes y Donnet aseguró la ventaja con un remate fuerte,
otra vez hacia la derecha de Dida. Luego el veteranísimo
Costacurta le pegó a la tierra y Abbondanzieri atajó
su segundo penal. Como un símbolo de la histórica
garra xeneize, como ocurriera con el Patrón Bermúdez
en el Morumbí cuando Boca ganó su tercera Libertadores,
llegó Cascini para rematar con alma y vida hacia la derecha
de Dida y darle a Boca la triple corona del 2003 y el Tricampeonato
del Mundo.
Una
vez más Boca Juniors estuvo a la altura de las mas grandes
exigencias. El Pato Abbondanzieri fue el héroe de la noche
con dos atajadas claves durante el juego y dos mas en los penales.
Schiavi y Burdisso respondieron siempre. Clemente y Cagna anularon
por completo las proyecciones de Cafú, que de tanto perder
no fue mas al ataque. Donnet le demostró a varios que es
mucho mas jugador de lo que imaginan. Administró siempre
bien la pelota y le dió fútbol al ataque xeneize.
Cascini y Battaglia volvieron a comerse el medio. Guillermo se
brindó hasta que el físico dijo basta y metió
el centro con que nació el gol. Y Iarley, en el partido
mas importante y difícil de su vida, fue de menor a mayor.
Boca dejó atrás el favoritismo
del Milan, ganó merecidamente según el propio Ancelotti
e hizo delirar a los 5000 xeneizes que se llegaron hasta Yokohama
y a mas de medio país. El ciclo Bianchi se anotó
la novena estrella, reeditó la hazaña del 2000 ante
el Real Madrid y el mundo del fútbol está, nuevamente,
rendido a los pies de Boca Juniors.
Por
Diego Lores
loresdiego@estoesboca.com.ar
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