Iarley festeja su golazo
Boca bailó y gozó a River en el Monumental
Fue 2 a 0 y la diferencia pudo ser de un par de goles más. Soberbia actuación de Iarley, autor de un golazo. Battaglia, de cabeza, abrió el marcador. Boca no sintió la ausencia de su mejor jugador, Carlos Tevez, y marcó diferencias abismales por sobre los de Pellegrini.
Iarley festeja su golazo, que selló el marcador. Boca vapuleó a River.

RIVER PLATE 0
BOCA JUNIORS 2
Torneo Apertura 2003. 14ta. fecha.
Jugado el domingo 9 de noviembre.
River: Franco Costanzo; Ricardo Rojas, Horacio Ameli, Eduardo Tuzzio, Osmar Ferreyra; Eduardo Coudet (c) (ST, Luis González), Guillermo Pereyra, Javier Mascherano (ST, Daniel Montenegro), Daniel Ludueña; Fernando Cavenaghi, Darío Husain (15m ST, Maximiliano López).
Suplentes: Germán Lux, Ahumada. DT: Manuel Pellegrini.
Boca: Abbondanzieri; Luis Amaranto Perea, Rolando Schiavi, Burdisso, Clemente Rodríguez; Matías Donnet, Sebastián Alejandro Battaglia, Cascini, Cagna (c); Iarley (40m ST, Franco Cángele), Antonio Barijho (16m PT, Roberto Colautti).
Suplentes: Wilfredo Caballero, Joel Barbosa, Javier Villarreal. DT: Carlos Bianchi.
Goles: 37m PT, Sebastián Alejandro Battaglia (de cabeza); 7m ST, Iarley.
Amonestados: Cagna (BJ); Eduardo Coudet, Ricardo Rojas (RP).
Incidencias: No hubo.
Arbitro: Horacio Elizondo.
Cancha: River. Recaudación: $ 770.333.-
La figura: Iarley (BJ).
El peor: Ricardo Rojas, Eduardo Coudet (RP).

A falta de Tevez, el jugador que daba las mejores soluciones, Boca recuperó lo que en los últimos años lo hizo grande, gigante, en distintas circunstancias y ante los más diversos rivales: el factor equipo, el espíritu colectivo, la fortaleza mental y el convencimiento en su juego para someter al contrario. Fue un clásico de opuestos, de imágenes contrastantes, de equipos parados en veredas distintas. Mejor dicho, en planetas diferentes, porque fue abismal la brecha que distanció a los dos conjuntos. Ambos llegaban con algunas bajas de peso y funcionamientos inestables, pero sólo Boca salió adelante golpeándose el pecho, entero, con una autoridad de líder que se había atenuado en las últimas dos fechas.

En el otro polo quedó River, muy herido, inerme ante la superioridad de Boca, que lo zamarreó a gusto y cuantas veces quiso. Resultó un clásico muy diáfano para radiografiar, sin zonas grises ni situaciones controvertidas que podrían desviar el foco del análisis: hubo un equipo que impuso condiciones y otro en estado ruinoso, en lo futbolístico, lo físico y lo anímico. El desplome de River, que tuvo muchos puntos en contacto con su decepcionante segundo semestre en general, incrementó el desafecto de su hinchada hasta el punto de que la crisis va en vías de guillotinar algunas cabezas responsables. Salvo Costanzo, eximido por jugarse la humanidad a los pies rivales en más de una oportunidad, el resto hace fila para pasar por el banquillo.

Boca volvió a ser una fuerza compacta, granítica por donde se la mire. Que tuvo en Iarley a su mejor pieza futbolística, la más inspirada, la más desequilibrante. El brasileño, que estaba bajo sospecha por cierta liviandad, se redimió con una actuación determinante, que dejó huella en el armado y en la definición de las jugadas.

La impresión de que River podía plantear un choque de igual a igual no duró más que los 15 minutos iniciales. En ese lapso tuvo cierto control de la pelota en el medio y hasta parecía contagiarse de la actitud positiva de Rojas, que con algunos enganches y un par de quites insinuaba con ratificar que era un jugador de clásico, en consonancia con aquella célebre emboquillada en la Bombonera. Fue todo un espejismo: la postura de River y la consistencia del lateral.

Boca calentó motores y condujo el encuentro a puerto seguro. No lamentó la pronta salida de Barijho, porque Colautti se integró bien al circuito, hasta con más ductilidad y participación que el Chipi. Con las dos líneas de cuatro, el puntero ahogaba la timidez de River y a partir de allí movió la pelota con precisión y panorama para abrir el frente de ataque. Hubo una imagen que se empezó a repetir: los hombres de Boca llegaban un segundo antes, se quedaban con todas las pelotas, sueltas o disputadas, marcaban un ritmo que su rival padecía por su lentitud y estatismo, con Coudet como peor exponente.

River no ponía diques por ningún lado y Boca se le venía por los costados y por el medio. Si algún lunar se le puede encontrar al líder es que no desterró por completo su falta de eficacia en el área. Porque convirtió en una proporción mínima a las situaciones que creó. Sólo por eso no goleó. Battaglia, con un cabezazo cruzado, abrió el marcador. Las entradas de Montenegro y del lesionado Lucho González no sacaron a River del pozo. Boca no tardó en definir el pleito, con la guapeada de Iarley para robarle la pelota a Rojas y definir cuando parecía que se complicaba con un enganche de más.

Con la tranquilidad de la ventaja, Boca reguló a gusto, sin soltar las riendas ni abandonar una supremacía insultante para River. En definitiva, el puntero retomó el papel de verdugo que tanto frecuentó en los últimos clásicos. Y lo hizo en un momento en el que lo empezaban a cercar algunas dudas. Como para demostrar que puede cuidar y sacarle lustre a la punta aun sin la estrella de Tevez.

Las claves

El dominio de Boca

Bien estructurado en todas sus líneas, el puntero bloqueó a River y manejó la pelota con buen criterio. Impuso condiciones en juego y ritmo.

Iarley, determinante

Escurridizo, con mucha movilidad, el brasileño fue una pesadilla para toda la defensa de River. Jugó, hizo jugar y saldó la deuda del gol.

River desconcertado

Se quedó muy pronto sin respuestas. Se vio superado en el juego y el despliegue. Y con la excepción de Costanzo, fracasó también en lo individual.

No extraño a Tevez

Boca aprobó un examen importante al hacer un muy buen partido sin Tevez, la figura del torneo. Salió adelante por su capacidad colectiva.

EL DATO
Amplió la ventaja

Con el triunfo de ayer, los xeneizes estiraron su dominio en el historial del clásico, que los muestra arriba con 64 victorias y 57 derrotas. River no gana como local desde 1999.

Fuente: Diario La Nación.

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