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En Mendoza, Boca empató 1 a 1 con
Godoy Cruz. Federico Higuaín había puesto en ventaja
al conjunto local, en un primer tiempo en el cual el xeneize jugó
muy mal. Pero en la etapa complementaria, el equipo de Alves levantó
su nivel y alcanzó la igualdad a través de un cabezazo
impecable de Martín Palermo. Sobre el final, Boca lo pudo
ganar con una acción que desperdició Viatri, pero
también estuvo cerca de la derrota. Afortunadamente, Javier
García respondió bien volando sobre su palo izquierdo.
Igualmente, el empate de nada le sirve a un xeneize que había
llegado a la tierra del buen vino con la obligación de ganar.
Con este resultado, Boca suma 6 unidades y está a 5 de los
líderes Vélez y Colón.
Es cierto que Boca terminó siendo levemente
superior al conjunto local. Pero ese mínimo merecimiento
no le alcanzó para quedarse con los tres puntos. Y la causa
de otros dos puntos perdidos hay que buscarla en el flojísimo
primer tiempo que jugó el xeneize de mediacancha para atrás.
Imprecisiones, pifias, defensores boquenses mal ubicados, delanteros
rivales que entraban al área libre de marcas fueron algunas
de las escenas más comunes de esos primeros 45 minutos.
Ante tal tembladeral defensivo, no extrañó
que el local se pusiera en ventaja. Tras una jugada sobre la derecha,
Federico Higuaín apareció por el sector opuesto, libre
de marcas y no tuvo dificultades para batir a Javier García.
Boca estaba a la deriva. La defensa no ofrecía
garantía alguna, los mediocampistas rara vez robaban una
pelota y la imprecisión era factor común de mitad
de cancha para arriba. Para colmo, Jesús Méndez desaprovechó
una nítida opción de gol cuando, cara a cara con Ibáñez,
remató apenas desviado.
Dura debe haber sido la charla de Alves en el entretiempo.
El DT se jugó en el complemento con un equipo más
ofensivo: Pochi Chávez, de buena labor, reemplazó
a Villafañe. La variante surtió efecto, ya que Boca,
más allá de continuar exhibiendo muchas falencias,
al menos contó con una decisión inclaudicable de ir,
al menos, por el empate.
Y Boca lo tiene a Palermo. Un hombre de área
que vive para lo más escencial y lo más difícil
de conseguir en el fútbol: el gol. Y una vez más,
el Titán se hizo presente en la red, con un cabezazo magistral
tras un desborde de Luciano Monzón sobre la izquierda. Conectó
el balón como mandan los libros y le cambió el palo
al indefenso Ibañez. Pasan los años, recibe elogios,
recomendaciones de retiro, pero a Martín nada le importa:
lo suyo es el esfuerzo permanente y ese frecuente encuentro con
su amigo de toda la vida, el grito de gol.
Ya con el empate, el xeneize continuó buscando.
Tuvo su chance y no la capitalizó. Como también tuvo
que sufrir sobre el final hasta que García se lució
volando sobre su izquierda.
El empate deja un sabor amargo, más allá
que luego del flojísimo primer tiempo, la etapa complementaria
dejó traslucir algunos signos de recuperación. Pero
Boca sabía que en Mendoza había que ganar. Y por eso
se fue masticando bronca del Malvinas Argentinas.
Por Diego Lores
loresdiego@estoesboca.com.ar
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