Boca cumplió una opaca actuación y sólo
empató con el Atlas de México. Fue 2 a 2 en cancha
de Vélez. Apenas comenzado el partido, Flores puso en ventaja
al equipo de Miguel Brindisi. A diez minutos del final del PT,
Ayala (en contra) igualó para Boca. Luego, parecía
que lo ganaba el equipo de Ischia, con el gol de Julio César
Cáceres a falta de 15 minutos. Pero el xeneize desperdició
varias opciones para ampliar la diferencia y se terminó
lamentando con el empate de Torres, a dos minutos del final. Ahora,
Boca está prácticamente obligado a ganar en Guadalajara,
ya que los empates 0 a 0 o 1 a 1 lo dejan afuera de las semifinales
de la Copa Libertadores de América.
Sin lugar a dudas, Boca extrañó
muchísimo a esa caja de resonancia que es la Bombonera.
Ya a los 5 minutos perdía 1 a 0 con el gol de cabeza de
Flores, muy similar al que sufriera el xeneize ante Estudiantes
el domingo pasado: córner desde la derecha, alguien que
le gana a la defensa xeneize en el segundo palo y el hombre que
ingresa por el primero la manda a la red. El inicio del
partido ya permitía deducir que Boca estaba en una mala
noche. Y como si eso fuera poco, la conformación
de la alineación inicial por parte de Ischia no convenció.
¿Por qué no poner a Alvaro González en lugar
de Maidana como lateral derecho?. ¿Por qué no incluir
a Pablo Ledesma de entrada en lugar de Vargas? Puede ser que en
este último caso el DT haya priorizado cuestiones físicas.
Pero queda claro que había material para armar
un equipo más ofensivo. Así como
lo planteó Ischia, a Boca le costó horrores avanzar
sobre el lateral derecho.
Pero esos no fueron los únicos males a los que debió
sobreponerse el xeneize. Porque Román Riquelme
jugó un mal partido. En evidente mala
condición física, el 10 de Boca lució
impreciso y muy poco participativo en el juego. Y de
a ratos, todo el equipo sintió el cansancio.
Algo que no suena tan loco si se tiene en cuenta que el
DT decidió afrontar los últimos cuatro partidos
con prácticamente el mismo equipo. Un síntoma
inequívoco fue la dificultad que tuvo el equipo
para presionar en la salida rival, como lo hizo en los
partidos en la Bombonera ante Cruzeiro y River. Nada de eso se
vió en la noche de Liniers.
En ese flojo primer tiempo, Rodrigo Palacio fue el hacedor
de casi todo lo realizado por Boca en ofensiva. Rodrigo
retrocedió, buscó la pelota, desbordó
y hasta asistió a Palermo en la jugada que terminó
en el gol en contra del juvenil Ayala. Más allá
del empate, el Pueblo de Boca ya sabía que la serie de
ninguna manera iba a ser tranquila, como pudo imaginarse de entrada,
y que todavía quedaba mucho por sufrir. Y se terminó
ese PT en el cual a Boca se le encendieron muy pocas luces.
En el complemento, el equipo de Brindisi tuvo una actitud
elogiable, al pararse bien lejos de su arquero, el paraguayo
Bava. El equipo de Miguel dejó bien claro que su equipo
es más que el Cruzeiro, equipo eliminado por Boca en la
ronda anterior. Los mexicanos se dedicaban a adormecer
el ritmo del partido y el xeneize comenzaba a desesperarse.
Acertadamente, Ischia decidió hacer dos variantes. Dos
cambios que estaban cantados: Chávez por Maidana y Alvaro
González por Vargas, buscando más futbol de mitad
de cancha para adelante. Pero Boca continuó sin
un parámetro de juego en ataque. Sobre todo, porque
Atlas manejaba la pelota. Y cuando Boca
la conseguía se perdía en imprecisiones.
A los 21m de ese ST, tras una habilitación de Palermo,
Palacio quedó mano a mano con Bava. Era para tocarla por
sobre el cuerpo del arquero. Pero Rodrigo se demoró en
la definición y perdió la pelota antes de poder
rematar. A todo esto, Román continuaba ausente y Boca
hacía todo muy desprolijo. A los 27m, lo tuvo
Chávez, quien remató al travesaño tras una
combinación entre Riquelme y Palermo. Igual, el línea
ya había marcado posición adelantada.
Hasta que llegó el gol de Cáceres, tres minutos
más tarde. Centro, Palermo que la baja de cabeza
y el paraguayo que somete a Bava. Parecía entonces
que Boca lo ganaba a pesar de no haber jugado bien. Si
hasta tuvo dos claras chances de convertir el tercero:
primero, Riquelme estrelló un derechazo en el palo,
tras habilitación de Palacio; y luego lo tuvo Palermo,
pero su taco se fue besando el palo izquierdo de Bava.
Boca lo ganaba luego de haberla pasado bastante mal durante gran
parte del partido. Más allá de que continuaba buscando,
el resultado no era tan malo en relación a cómo
se había dado el partido. Pero llegó el
balde de agua fría. Sobre la izquierda, Marioni
sacó un tiro que obligó a Caranta a despejar la
pelota al córner. Y de la segunda jugada de ese
tiro de esquina llegó el empate del Atlas. La
pelota cayó en el corazón del área chica,
Caranta no se hizo fuerte allí dónde el
arquero debe ser amo y señor, llegó tarde en su
salida y Torres aprovechó para cabecear al gol.
El déficit en el juego aéreo defensivo
se hizo otra vez presente y dejó a Boca muy incómodo
para la revancha en Guadalajara. Si quiere seguir en
la Copa, el xeneize deberá repetir lo hecho el año
pasado en esta misma instancia, cuando ganó en Paraguay
y dejó en el camino a Libertad. Sin dudas, será
una misión muy difícil. Porque
si bien el xeneize está acostumbrado a ese tipo de paradas,
no siempre va a sobrevivir a producciones como la que tuvo en
la noche de Liniers.
Los interrogantes:
- ¿Por qué Ischia no se anima a excluir
del equipo a Riquelme sabiendo que está en mala condición
física? Román deambuló por la cancha durante
80 minutos y sólo apareció en los diez finales.
¿No hubiera sido mejor dejarlo en el banco y ponerlo sobre
el final?
- Aquel hincha que le tiró el hielo al árbitro
en el partido ante Cruzeiro en la Bombonera ¿será
conciente del daño que le ocasionó al club?.
El xeneize extraño bastante a La Bombonera...
- ¿Podrá el xeneize una vez más
hacerse fuerte de visitante y clasificar a semifinales?