WWW.ESTOESBOCA.COM.AR.- El Boca de Bianchi sigue haciendo historia. Perdió la batalla sobre la hora, 2 a 1, pero en los penales se quedó con la guerra. Y ahora jugará la final ante el Once Caldas, esa final con la que soñaba River, esa final a la que los de Astrada pensaban que tenían el pasaje asegurado. Pero Boca es Boca. Y fue superior a River en los 180 minutos de la serie, para seguir agigantando este ciclo, que un 17 de junio de 2004 escribió en su leyenda una de sus páginas mas gloriosas. En el primer tiempo, los xeneizes se sintieron bastante cómodos con el trámite del juego. Más allá de sufrir los sofocones lógicos, ante un rival que estaba en su propia cancha y que necesitaba ir a buscar el partido. Pero Boca supo aguantar esos embates y poco a poco se fue acomodando en el terreno de juego. La defensa ganaba en solidez y el mediocampo se afirmaba cada vez más, sobre todo en los costados. Sobre la derecha, Vargas y Clemente le ganaban siempre a Coudet. Sobre la izquierda, la cosa era mas fácil aún. Luis González no pesaba sobre ese sector, dónde Perea era amo y señor. Y Pablo Ledesma (debutante en Copa Libertadores) y Javier Villarreal no tenían problemas en la contención. Así, los minutos de esa primera parte se consumieron bastante rápido, y esa caldera que era el Monumental a la hora del comienzo del partido, comenzaba a extinguirse. River extrañó a Gallardo porque Montenegro no rindió y arriba tuvo poco peso ofensivo, porque los zagueros xeneizes controlaron bien a López y Fernando Cavenaghi dijo ausente sin aviso en las dos semifinales. Boca salió a jugar el
complemento sabiendo que con el correr de los minutos podía tener
como aliado a la desesperación de River por conseguir el gol que
igualara la serie. Pero el panorama comenzó a dificultarse con
la expulsión de Vargas, por doble amonestación. El colombiano
había sido de lo mejor de Boca en el primer tiempo. Astrada sintió que era el momento para darle el cachetazo a Boca y diez minutos después del gol, decidió el ingreso de Marcelo Salas por Mascherano, quizá el mejor jugador de River. El cambio sonó a intento de revancha por aquel ingreso glorioso de Palermo ante los de Nuñez en la Libertadores 2000, pero esta vez la historia fue muy diferente, porque Salas venía de sólo un mes de parate. Y además el aporte del chileno fue totalmente intrascendente. El Jefe avícola se cebó con los cambios, porque en inicio del complemento había hecho ingresar a Sambueza por un siempre impresentable Eduardo Coudet. Pero a los 19 minutos se lesionó ese caudillo de cotillón que es Horacio Ameli y Astrada mandó a la cancha a Juan Fernández, agotando todas sus variantes. Por su parte, Bianchi supo sostener el partido sin realizar modificaciones de piezas, aunque reubicó algunas. A esa altura del partido, Perea era un marcador central más y Villarreal jugaba prácticamente de lateral derecho. Ledesma y Cagna se bancaban solitos el peso del mediocampo, con la gran colaboración de Tevez. Y el Melli peleaba sólo contra el mundo allá arriba. Pero la historia iba a tener otro vuelco, esta vez favorable a Boca. Faltaban pocos minutos para ir a los penales cuando River se quedó con un hombre menos. Ricardo Rojas se lesionó y no pudo continuar. Mientras lo atendían, Sambueza perdió la cabeza y se hizo expulsar ingenuamente, mientras todo River insultaba sin motivo al línea Gilberto Taddeo. Mientras River se descontrolaba, Bianchi juntó a los suyos, dió algunas indicaciones y mandó el primer cambio. Cángele reemplazó a un extenuado Diego Cagna. Y en la primera pelota que tocó, Franco desbordó a Juan Fernández y tiró el siempre efectivo centro atrás. Tevez lo tomó y batió a Lux, con un remate que se metió por el primer palo, ante la mirada de Nasuti. El Monumental era un velorio y la clasificación de Boca. Pero Carlitos, que logró romper su maleficio ante River, se pasó de vueltas en los festejos y Baldassi lo expulsó. Ahora estaban 9 contra 9. Pero faltaban pocos minutos. El pase a la final era xeneize. El partido era dramático, pero lo sería aún más. Porque cuando se terminaba la serie, Nasuti apareció sólo en el área xeneize tras un tiro libre desde la izquierda y River resucitó, forzando los penales. Y en la tanda de penales Boca
mostró nuevamente la actitud que hay que tener en esos
momentos decisivos. No era nada fácil pararse frente a la pelota,
luego de que poco minutos antes la clasificación se había
escapado de entre las manos. Y Bianchi sorprendió mandando a dos
pibes como Pablo Alvarez y Pablo Ledesma a ejecutar. Pero a los pibes
no les pesó la responsabilidad y patearon como si tuvieran quinientos
partidos en Primera. Antes, Abbondanzieri casi se queda con el tiro de
Salas, y Lux, con el de Schiavi. Montenegro y Cavenaghi dijeron presentes
por primera vez en toda la noche y batieron al Pato. Lo mismo hizo Luis
González. Burdisso se plantó por primera vez para ejecutar
un penal y lo hizo perfecto. Y llegó el turno de Maximiliano
López y todo su agrande futbolístico. Lo tiró
bastante anunciado y el Pato lo sacó arrojándose
hacia su izquierda, cuando en los cuatro remates anteriores había
ido sobre la derecha. El pase a la final estaba en los pies de Javier
Villarreal. Y Villita lo pateó como se debe, más
aún en esas circunstancias. Con alma y vida. A lo Boca.
Por Diego A. Lores
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